La diferencia entre Dolor y Sufrimiento ¡Que no te engañen!

Sí sí ¡que no te engañen y que no te engañes! que muchos vamos por ahí camuflando el sufrimiento como dolor. La verdad es que nuestro lenguaje cotidiano no ayuda mucho en este sentido, la mayoría utilizamos indistintamente las palabras dolor y sufrimiento para referirnos a ese estado desagradable en el que decimos que nos sentimos “mal” (ya sea física como psicológicamente, aunque sea imposible separar ambas dimensiones). Sin embargo, ¡no son los mismo!, tienen connotaciones y matices muy diferentes. El saber discriminar cuando estamos experimentando uno u otro es muy importante para saber cómo afrontar la situación. De hecho, esta es una de las clave más importantes que utilizamos los psicólogos a la hora de orientar la terapia.

¿Qué es el sufrimiento?

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El sufrimiento suele ser llamativo, exhibicionista, mira hacia fuera. Tiene un componente, inconsciente, de querer mostrar a los demás lo mal que lo estoy pasando (también es cierto que a veces puede ser el querer mostrarme a mí lo mal que lo paso). Es racional, busca explicaciones lógicas de por qué han pasado las cosas: ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? ¡No entiendo nada! Hay rabia ya sea hacia alguien, hacia la vida, hacia uno mismo… Con el sufrimiento estamos dando vueltas todo el rato a lo mismo, de manera circular y lo que conseguimos es cronificar lo que nos ocurre. Es decir, no nos ayuda a evolucionar si no que nos mantiene estancados en un punto (a veces durante años, o incluso toda la vida). A ver por ejemplo, imaginemos que me siento ofendida por una amiga por algo que “me ha hecho”; el sufrimiento sería ese estado de malestar en el que me pregunto constantemente ¿cómo es posible que lo haya hecho?, ¡con lo bien que le he tratado yo!, ¡ya le vale, no tiene ninguna consideración conmigo, será que yo soy una mierda y no valgo la pena para nadie!… Aquí puedo llorar, gritar, dejar de dormir por las noches dándole vueltas a lo ocurrido, contárselo a media ciudad… El sufrimiento son como las rabietas de los niños, que son muy escandalosas y agitadas (ojo, que hay rabietas que pueden durar toda la vida). ¿Qué tal, te suena de algo esto en tu propia manera de actuar?

¿Qué es el dolor?

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El dolor en cambio es silencioso, es íntimo. Es experimentar el contacto verdadero con nuestro sentir, con lo que realmente nos está ocurriendo. Sucede cuando nos quedamos en el vacío, sin añadir nada más, viviendo la tristeza, miedo, soledad… que experimentamos y lo sentimos plenamente. El dolor es irracional, no hay preguntas que busquen ninguna explicación, no se necesita justificar ante nadie (ni ante uno mismo). Yo lo llamo “pasar por la travesía del desierto”, dónde uno siente que no va a poder aguantarlo, pero al atravesarlo uno se da cuenta que se siente mucho más ligero y en paz con uno mismo. Hay una sensación de alivio y de vivencia “dulce”, sobre todo cuando ya se ha atravesado. Esto es así porque cuando nos permitimos vivir el dolor, nos estamos acompañando a nosotros mismos, nos estamos dando permiso para sentir plenamente, y eso internamente nos reconforta. El atravesar el dolor es justamente lo que permite que movamos ficha y que la situación cambie y nos desataquemos, dando lugar a que llegue lo nuevo, a que suceda el cambio.

¿Y  qué puedo hacer al respecto?

No se trata de luchar contra el sufrimiento, de criticarme más e intentar salirme de él. Muchos incluso somos expertos en hacer como que no pasa nada y justificamos racionalmente que no es para tanto ¡¡¡Pero por dentro estamos en ebullición sufriente!!! No, ¡este no es el camino! Esto te llevará a aumentar más el sufrimiento y desatenderte de ti mismo.

Una vía interesante cuando detectamos el sufrimiento es observarlo, no dejarnos arrastrar por él pero tampoco alimentar su fuego. Sabiendo que es sufrimiento y que nos mantendrá enganchados ahí. En cambio, podemos hacer un movimiento hacia nosotros (y no hacia fuera como en el sufrimiento), a dejarnos sentir, a respirar, a soltar poco a poco esos pensamientos y emociones tan perturbadoras y llamativas. Nos quedamos en nosotros, en nuestras sensaciones, en nuestra emoción, respirando. Desde aquí nos podemos preguntar qué necesidad no está cubierta en nosotros (nos dejamos sentir hasta que demos con la más profunda). Esta sería más o menos la actitud, dar un espacio a lo real, a lo profundo y auténtico y no alimentar a esa víctima sufriente que todos llevamos dentro. Un apunte final, ten presente que el sufrimiento es una de las principales vías para evitar conectar con el dolor genuino.

¿Tu vida tiene sentido?

Como ves, me he decidido a escribir y reflexionar sobre un tema tan profundo y ‘grande’ como El Sentido de la vida. Lo hago, primero como siempre, porque ahora mismo es con lo que estoy más en conexión. Y segundo, porque me doy cuenta que la mayoría de las personas de mi alrededor (no solo los pacientes) están muy desconectados del sentido de su vida, me da la sensación que viven como ‘zombies’. Justamente, una de las finalidades de la psicoterapia, a mi parecer, es la de favorecer que el paciente conecte con su sentido de la vida. No es que la terapia aporta un sentido, sino que más bien desbloqueamos asuntos enquistados, ‘gafas ’y creencias limitantes, con la finalidad de que la persona vaya reequilibrándose y poniéndose más a favor de su propio sentido de la vida. Pero ¿qué es el sentido de la vida y qué implica? En las siguientes líneas voy a permitirme reflexionar sobre este asunto tan trascendental para dar un poco de luz.

Vivir plenamente cada momento

Para mí, que la vida tenga un sentido tiene que ver con permitirse vivir plenamente cada momento. Sea este de alegría, de tristeza, de dolor, de amor… Ojo, no estoy diciendo que el sentido de la vida sea ir en búsqueda de ‘emociones fuertes’ y de gran intensidad. Me parece que el sentido de la vida se encuentra si en cada momento me abro de corazón a experimentar lo que la vida me trae, soltándolo cuando ya ha pasado. Pensemos en cualquier animalillo de la naturaleza, ¿Cuál es el sentido de su vida? Pues justamente hacer lo que le corresponde, si es un pájaro, volar, cantar, alimentarse de frutas, reproducirse. El pájaro no piensa que es lo que toca, el simplemente hace siguiendo su instinto y no se queda enganchado sólo a la comida, o solo al canto, si no que va fluyendo. El sentido de la vida es pues disfrutar y desarrollar los dones y capacidades naturales que cada uno tenemos.

Para no sufrir tampoco vivimos plenamente

El problema que tenemos los seres humanos es que nuestro contacto con nuestro fuero interno está muy bloqueado de miedos y defensas del pasado para no ‘dolernos’. Porque de pequeños aprendimos que si nos abrimos de verdad a lo que sentimos y nos dejamos llevar por eso, podíamos salir lastimados. El estar en contacto con uno mismo también supone estarlo con el dolor de vivencias duras y desagradables. Entonces nos cerramos a vivir plenamente, para no sentir, nos desconectamos y tenemos que buscar otras fuentes que no mantengan entretenidos, y nos hagan sentir que nuestra vida tiene un sentido. Dejamos de brillar con toda nuestro potencial por no querer pasar por el dolor inherente al vivir. Tened en cuenta que el que se cierra al dolor, se cierra al gozo profundo, no nos podemos cerrar  y abrirnos selectivamente, si cerramos las compuertas, se cierran para todo.

Los pseudoplaceres y pseudosentidos de la vida

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Muchos de nosotros nos pasamos la vida intentando ser el mejor, ayudar a todo el mundo (y ser queridos y admirados por ello) o simplemente tener un coche último modelo, salir de fiesta, comer a tutiplén, tener aventuras sexuales apasionadas, viajar, tener experiencias intensas con drogas, puenting, tener pareja,… Incluso hay personas que creen que el sufrir en su vida es lo que les da sentido. Sin embargo, todas estas son maneras de intentar llenar el vacío que sentimos de la desconexión con nosotros mismos, de no tener una vida plena por dentro, de no desarrollar nuestros dones y brillar como hemos venido a hacer.  Así no nos permitimos sentir la intimidad verdadera con nosotros mismos y, por ende, con el otro.

Llenar el vacío de uno mismo y cultivar los dones

Lo que siento que para mí es cierto que nadie ni nada de fuera va a llenar ese vacío. Solo nosotros nos podemos llenar de nosotros mismos, podemos rehabitarnos y abrirnos a lo que la vida nos trae. Y esto supone el contacto con el dolor (no el regodearnos con el sufrimiento, que es lo que solemos hacer), el dolor de las pérdidas vividas, de que la vida no es perfecta ni justa, nuestros padres no lo fueron, nosotros tampoco lo somos. Cuanto más plenamente sostengamos lo que nos ocurre, más contacto tendremos con lo que sí que hay en nuestra vida. Más llenos nos sentiremos, y también más contacto tendremos con nuestros dones y cualidades, y podremos cultivarlos y alimentarlos. Así irán creciendo y nos iremos desarrollando como personas, en consonancia con la vida. ¡Recuerda! si acallas el dolor también acallas el placer de verdad, el placer por vivir, por sentir en conexión contigo, con lo que hay, con el otro. En una vida plena, hay dolor, que se vive y se pasa y hay placer, hay crecimiento y desarrollo, hay satisfacción, hay fluir, hay mirar y tomar a la vida como viene ¡Este es para mí el verdadero sentido de la vida!

 

Cómo vivir sin estrés, si quieres…

El estrés es una de las epidemias de nuestros tiempos modernos, cada vez hay más gente con prisas, con la sensación de no llegar, acelerada de un lado a otro y sin apenas parar. Vivimos así agitados, con una presión casi constante. Con el estrés suele aparecer la típica frase “Es que no tengo tiempo para nada”. Pues bien, generalmente el estrés no es una cuestión de falta de tiempo, o de tener demasiada presión o cosas que realizar. Esto es únicamente la cara superficial de éste; si quieres tener una visión más completa del estrés y poder abordarlo mejor, te animo a que continúes leyendo, eso sí, relájate ¡sin estrés!

Cuestiónate el “Yo soy así

Que quiere decir: “Yo soy así desde siempre y no voy a cambiar”. Con esta creencia la persona lo que hace es encallarse ahí, se cree de verdad que su forma de ser es ir acelerada sin pararse. Aclaro y enfatizo, el ser inquieto o activo no tiene que ver con el estrés, son dos cosas totalmente diferentes. Hace unos años, nadie vivía estresado, esto es algo muy reciente en nuestra historia. Por tanto, nadie es estresado por naturaleza, si no que es un estado que aprendemos a medida que vamos creciendo. Entonces si te dices a ti mism@ que eres “así”, date cuenta que eso es simplemente una escusa que te pones para seguir ahí en tu zona de confort.

Vive en el momento presente

El estrés se suele dar cuando nuestra atención está más en el futuro (o incluso en el pasado) que en el presente. En vez de estar en lo que estoy haciendo ahora, estoy en lo que me queda por hacer, en la cara que me podrá el jefe, en que no llego a tiempo a una cita y así hay un largo etcétera. La única manera de salir de este círculo vicioso es estando totalmente entregad@ a lo que estás haciendo en el momento actual, sin pensar en lo que harás luego. Si tienes miedo de ocupar demasiado tiempo, te puedes poner una alarma que te avise. De esta manera, conseguirás disfrutar más de lo que haces (y los demás disfrutarán más de ti, estarás más presente) y cometerás menos errores. Por lo tanto, haz una sola cosa a la vez, entregándote a esa actividad como si no hubiera nada más en el mundo.

Respira y contacta contigo

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Para poder vivir plenamente el presente es ineludible que contactes contigo mismo y con tu cuerpo. Nota cómo es tu respiración (rápida, profunda, diafragmática, abdominal…) y cómo está tu cuerpo, qué sensaciones y emociones te llaman la atención. Mientras que estés haciendo algo y sobre todo cuando notes que te aceleras, ves llevando la atención a tu cuerpo, te ayudará a volver al presente, al aquí y ahora.

Pon orden en tu vida y prioriza

El estrés puede ser fruto de una vida caótica, en la que no sabes qué quieres, hacia dónde te quieres dirigir y cómo hacerlo. La persona va pues intentado llegar a todo lo que le aparece en su vida, de un lado a otro sin orden y sin soltar nada. Por ejemplo, una persona que trabaja jornada completa, con hijos, que quiere tener la casa impoluta y ser una trabajador eficaz y al mismo tiempo ayudar a sus padres mayores, y sin pedir ayuda ni contractar a nadie. Aquí sería de gran ayuda que se plantee cuáles son sus prioridades, qué tiene que hacer, qué puede delegar en otros, de que puede prescindir o reducir dedicación (trabajo, limpieza casa).

A mí me ayuda plantearme que es lo más importante en este momento actual de mi vida, cómo conseguirlo o vivirlo de manera adecuada y soltar lo superfluo, dedicarle menos tiempo y energía. Un listado de valores y tareas relacionadas puede ser muy útil, y en sólo un par de minutos consigues ordenarte internamente. Otra pauta interesante es únicamente conectarte a internet, atender llamadas y mensajes, ver la TV en determinados momentos del día que has establecido previamente y el resto desconecta los datos y dedícate a aquello que para ti es prioritario (así conseguirás ahorrar mucho tiempo y energía).

El estrés es sólo un síntoma: Descubre qué hay detrás de él

Aun habiendo mirado y trabajado los punto anteriores es posible que continúes estresad@. Esto es así porque el estrés es un estado difuso que nos está informando sobre nuestra manera de estar la vida. Por lo tanto, si únicamente queremos quitarlo, puede ser que sólo le pongamos parches pero que no consigamos abordarlo. Es necesario pues escuchar que hay detrás del estrés.

En mi experiencia he observado como éste tapa un gran miedo a contactar de manera íntima con uno mismo y con los demás. Así voy por la vida deprisa, sin parar, nervios@ para no contactar conmigo, con mi sentir, con como estoy. Esto se puede agudizar en periodos más duros dónde la persona no se deja sentir lo que le está pasando y en vez de sostenerlo, hace una huída hacia delante, hacia desconectarse haciendo y acelerándose.

El estrés también puede ser un síntoma desde el que mostramos (al otro y a nosotros) como nos sacrificamos por los demás, lo buen@s que somos. Nos dedicamos a satisfacer a todo el mundo, sin poner límites, sin decir que no a nada ni nadie. Es una actitud victimista que nos permite sentirnos  generosos (o pseudogenerosos) y que No somos egoístas. Detrás hay un sentimiento de falta de valía, bajo poder personal.

El estrés también está relacionado con un exceso de control, siendo la manera de manipular el entorno ante nuestra falta de confianza en la vida. Es decir, como no confío en la vida, intento tenerlo todo controlado.

Aparte de estos ejemplos, que pueden ser una guía, es importante que te dejes sentir, abriéndote a descubrir que te ocurre para estar estresad@. No busques una respuesta rápida, sino que déjate explorar en tu día a día el papel real del estrés en ti. Sólo así conseguirás profundizar en él y vivir sosegad@, porque solo se puede manejar aquello que se conoce.

5 Claves para tomar tu espacio y poder personal

La mayoría de nosotros tenemos áreas en nuestra vida en las que no nos sentimos “bien plantados”, nos percibimos desubicados, empequeñecidos, disminuidos; o bien todo lo contrario, muy engrandecidos. En cualquier caso, aparece la sensación de no ocupar bien nuestro lugar, de no tomar nuestro propio poder. Éste tiene que ver con sentirnos capaces, con recursos, con contactar con la confianza de que podemos sostenernos a nosotros mismos y obtener la ayuda que necesitamos. Confiamos pues en que podemos ser sostenidos por nosotros y por la vida. Aclaro, el poder No es autoritarismo, ni imposición, ni violencia. Precisamente cuando una persona tiene que recurrir a estos puntos denota una falta de poder interno, una frustración e incapacidad para sentirse poderoso, y entonces tiene que imponerse. Bueno ¡vayamos al tema!, a continuación describo varias claves para que desarrolles tu poder, ¡tenlas presentes en tu día a día!

Desarrolla tu capacidad valorativa

La crítica descalificadora hacia nosotros mismos nos hace despreciarnos, desvalorarnos y no desarrollar nuestros recursos. Si descalificamos a los demás o a la vida nos cerramos a lo de fuera y tomamos una disposición de No tomar, no recibir; y por lo tanto no nos podemos nutrir. Imagínate una planta a la que, a pesar de tener nutrientes, agua y sol, por cualquier razón no puede tomarlos ¿Qué crees que pasará?… ¿Verdad que no crecerá y se irá debilitando cada vez más?. Pues esto mismo es lo que nos puede pasar a nosotros si no desarrollamos nuestra capacidad de valorar, de tomar lo que la vida nos aporta. En este sentido, un ejercicio muy interesante es hacer un ‘diario valorativo’, en el que cada día escribas al menos 5 cosas que has disfrutado, apreciado, valorado del día (cuanto más pequeñas y concretas mejor).

Pon los límites que necesitas y acepta los de los demás

Di que No cuando realmente no quieras hacer algo. Atrévete a expresar y proponer lo que quieres y necesitas. El poder es poder permitirse estar dónde uno quiere y salir de dónde uno siente que no es su lugar o su momento. Esto implica que en ocasiones tendremos que marcar a los demás y enfrentarnos al rechazo y crítica del otro. Recuerda que al decir que No, no estar rechazando a la persona en su totalidad, sólo a la propuesta concreta. Y al revés, el poder también tiene que ver con aceptar los límites y necesidades del otro. Porque si te hundes/frustras/ cabreas cada vez que recibes un No, dejas de estar en tu espacio, te pierdes, te desempoderas, te sales de tu eje.

Sostén las emociones y pensamientos con los que te empequeñeces

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No se trata de que dejes de sentirte frustrado, hundido, avasallado, impotente… No somos robots, intentar dejar de sentir sólo te llevará a maquinizarte y desconectarte. Pero si puedes conocer estos estados emocionales, dejártelos sentir sin dejarte arrastrarte por ellos. Sería algo así como ir a la playa y meter los pies en el agua sin sumergirte totalmente. Una vez que te los dejas sentir sin arrástrate puedes estar en condición de descubrir que obtienes de esos estados que te empequeñeces. Es decir, ¿Cuál es la finalidad de empequeñecerte?:  ¿Te deja esperando a que venga alguien que te rescate? ¿Hace que te sientas bueno y los demás malos? ¿Te hace dependiente y crees que así no estás solo?…

 Mira hacia dentro, sé el centro de tu vida

Mirar hacia fuera, hacia los demás te deja a la merced de lo de fuera y desconectado de ti mism@, de tu poder y espacio personal. Conecta con tus necesidades y deseos, déjatelos sentir ¿Hacia dónde quieres ir en la vida? ¿Hacia dónde no? Esto supone dejar de buscar las razones por las que el otro hace o deja de hacer y llevar la mirada a uno mismo. Alimentar la conexión contigo mism@ es darte un espacio, es empoderarte, te estás mandando el mensaje que tú eres importante.

Encárgate de ti mismo y toma una actitud proactiva

Deja de alimentar la vivencia de que no eres capaz y contacta con tu capacidad, con tus recursos y hacia dónde quieres ir. Atrévete a sentir tu fuerza interna, como eres capaz de sostenerte por ti mism@ y cómo puedes recibir el sostén de los demás y de la vida. Ya no eres un niño, eres un adulto que puedes valerte en la vida. No se trata de grandes pasos, ni de ser la persona más segura del planeta. Puedes visualizarte a ti atravesando ese camino, sorteando esos obstáculos, sintiendo que es posible, que puedes. Mira a ver ese primer gran paso y empieza por ahí. Date cuenta cuando te pones excusas, cuando te retraes. Y recuerda ¡Tú puedes, eres capaz, si quieres!