Cómo vivir sin estrés, si quieres…

El estrés es una de las epidemias de nuestros tiempos modernos, cada vez hay más gente con prisas, con la sensación de no llegar, acelerada de un lado a otro y sin apenas parar. Vivimos así agitados, con una presión casi constante. Con el estrés suele aparecer la típica frase “Es que no tengo tiempo para nada”. Pues bien, generalmente el estrés no es una cuestión de falta de tiempo, o de tener demasiada presión o cosas que realizar. Esto es únicamente la cara superficial de éste; si quieres tener una visión más completa del estrés y poder abordarlo mejor, te animo a que continúes leyendo, eso sí, relájate ¡sin estrés!

Cuestiónate el “Yo soy así

Que quiere decir: “Yo soy así desde siempre y no voy a cambiar”. Con esta creencia la persona lo que hace es encallarse ahí, se cree de verdad que su forma de ser es ir acelerada sin pararse. Aclaro y enfatizo, el ser inquieto o activo no tiene que ver con el estrés, son dos cosas totalmente diferentes. Hace unos años, nadie vivía estresado, esto es algo muy reciente en nuestra historia. Por tanto, nadie es estresado por naturaleza, si no que es un estado que aprendemos a medida que vamos creciendo. Entonces si te dices a ti mism@ que eres “así”, date cuenta que eso es simplemente una escusa que te pones para seguir ahí en tu zona de confort.

Vive en el momento presente

El estrés se suele dar cuando nuestra atención está más en el futuro (o incluso en el pasado) que en el presente. En vez de estar en lo que estoy haciendo ahora, estoy en lo que me queda por hacer, en la cara que me podrá el jefe, en que no llego a tiempo a una cita y así hay un largo etcétera. La única manera de salir de este círculo vicioso es estando totalmente entregad@ a lo que estás haciendo en el momento actual, sin pensar en lo que harás luego. Si tienes miedo de ocupar demasiado tiempo, te puedes poner una alarma que te avise. De esta manera, conseguirás disfrutar más de lo que haces (y los demás disfrutarán más de ti, estarás más presente) y cometerás menos errores. Por lo tanto, haz una sola cosa a la vez, entregándote a esa actividad como si no hubiera nada más en el mundo.

Respira y contacta contigo

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Para poder vivir plenamente el presente es ineludible que contactes contigo mismo y con tu cuerpo. Nota cómo es tu respiración (rápida, profunda, diafragmática, abdominal…) y cómo está tu cuerpo, qué sensaciones y emociones te llaman la atención. Mientras que estés haciendo algo y sobre todo cuando notes que te aceleras, ves llevando la atención a tu cuerpo, te ayudará a volver al presente, al aquí y ahora.

Pon orden en tu vida y prioriza

El estrés puede ser fruto de una vida caótica, en la que no sabes qué quieres, hacia dónde te quieres dirigir y cómo hacerlo. La persona va pues intentado llegar a todo lo que le aparece en su vida, de un lado a otro sin orden y sin soltar nada. Por ejemplo, una persona que trabaja jornada completa, con hijos, que quiere tener la casa impoluta y ser una trabajador eficaz y al mismo tiempo ayudar a sus padres mayores, y sin pedir ayuda ni contractar a nadie. Aquí sería de gran ayuda que se plantee cuáles son sus prioridades, qué tiene que hacer, qué puede delegar en otros, de que puede prescindir o reducir dedicación (trabajo, limpieza casa).

A mí me ayuda plantearme que es lo más importante en este momento actual de mi vida, cómo conseguirlo o vivirlo de manera adecuada y soltar lo superfluo, dedicarle menos tiempo y energía. Un listado de valores y tareas relacionadas puede ser muy útil, y en sólo un par de minutos consigues ordenarte internamente. Otra pauta interesante es únicamente conectarte a internet, atender llamadas y mensajes, ver la TV en determinados momentos del día que has establecido previamente y el resto desconecta los datos y dedícate a aquello que para ti es prioritario (así conseguirás ahorrar mucho tiempo y energía).

El estrés es sólo un síntoma: Descubre qué hay detrás de él

Aun habiendo mirado y trabajado los punto anteriores es posible que continúes estresad@. Esto es así porque el estrés es un estado difuso que nos está informando sobre nuestra manera de estar la vida. Por lo tanto, si únicamente queremos quitarlo, puede ser que sólo le pongamos parches pero que no consigamos abordarlo. Es necesario pues escuchar que hay detrás del estrés.

En mi experiencia he observado como éste tapa un gran miedo a contactar de manera íntima con uno mismo y con los demás. Así voy por la vida deprisa, sin parar, nervios@ para no contactar conmigo, con mi sentir, con como estoy. Esto se puede agudizar en periodos más duros dónde la persona no se deja sentir lo que le está pasando y en vez de sostenerlo, hace una huída hacia delante, hacia desconectarse haciendo y acelerándose.

El estrés también puede ser un síntoma desde el que mostramos (al otro y a nosotros) como nos sacrificamos por los demás, lo buen@s que somos. Nos dedicamos a satisfacer a todo el mundo, sin poner límites, sin decir que no a nada ni nadie. Es una actitud victimista que nos permite sentirnos  generosos (o pseudogenerosos) y que No somos egoístas. Detrás hay un sentimiento de falta de valía, bajo poder personal.

El estrés también está relacionado con un exceso de control, siendo la manera de manipular el entorno ante nuestra falta de confianza en la vida. Es decir, como no confío en la vida, intento tenerlo todo controlado.

Aparte de estos ejemplos, que pueden ser una guía, es importante que te dejes sentir, abriéndote a descubrir que te ocurre para estar estresad@. No busques una respuesta rápida, sino que déjate explorar en tu día a día el papel real del estrés en ti. Sólo así conseguirás profundizar en él y vivir sosegad@, porque solo se puede manejar aquello que se conoce.

5 Claves para tomar tu espacio y poder personal

La mayoría de nosotros tenemos áreas en nuestra vida en las que no nos sentimos “bien plantados”, nos percibimos desubicados, empequeñecidos, disminuidos; o bien todo lo contrario, muy engrandecidos. En cualquier caso, aparece la sensación de no ocupar bien nuestro lugar, de no tomar nuestro propio poder. Éste tiene que ver con sentirnos capaces, con recursos, con contactar con la confianza de que podemos sostenernos a nosotros mismos y obtener la ayuda que necesitamos. Confiamos pues en que podemos ser sostenidos por nosotros y por la vida. Aclaro, el poder No es autoritarismo, ni imposición, ni violencia. Precisamente cuando una persona tiene que recurrir a estos puntos denota una falta de poder interno, una frustración e incapacidad para sentirse poderoso, y entonces tiene que imponerse. Bueno ¡vayamos al tema!, a continuación describo varias claves para que desarrolles tu poder, ¡tenlas presentes en tu día a día!

Desarrolla tu capacidad valorativa

La crítica descalificadora hacia nosotros mismos nos hace despreciarnos, desvalorarnos y no desarrollar nuestros recursos. Si descalificamos a los demás o a la vida nos cerramos a lo de fuera y tomamos una disposición de No tomar, no recibir; y por lo tanto no nos podemos nutrir. Imagínate una planta a la que, a pesar de tener nutrientes, agua y sol, por cualquier razón no puede tomarlos ¿Qué crees que pasará?… ¿Verdad que no crecerá y se irá debilitando cada vez más?. Pues esto mismo es lo que nos puede pasar a nosotros si no desarrollamos nuestra capacidad de valorar, de tomar lo que la vida nos aporta. En este sentido, un ejercicio muy interesante es hacer un ‘diario valorativo’, en el que cada día escribas al menos 5 cosas que has disfrutado, apreciado, valorado del día (cuanto más pequeñas y concretas mejor).

Pon los límites que necesitas y acepta los de los demás

Di que No cuando realmente no quieras hacer algo. Atrévete a expresar y proponer lo que quieres y necesitas. El poder es poder permitirse estar dónde uno quiere y salir de dónde uno siente que no es su lugar o su momento. Esto implica que en ocasiones tendremos que marcar a los demás y enfrentarnos al rechazo y crítica del otro. Recuerda que al decir que No, no estar rechazando a la persona en su totalidad, sólo a la propuesta concreta. Y al revés, el poder también tiene que ver con aceptar los límites y necesidades del otro. Porque si te hundes/frustras/ cabreas cada vez que recibes un No, dejas de estar en tu espacio, te pierdes, te desempoderas, te sales de tu eje.

Sostén las emociones y pensamientos con los que te empequeñeces

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No se trata de que dejes de sentirte frustrado, hundido, avasallado, impotente… No somos robots, intentar dejar de sentir sólo te llevará a maquinizarte y desconectarte. Pero si puedes conocer estos estados emocionales, dejártelos sentir sin dejarte arrastrarte por ellos. Sería algo así como ir a la playa y meter los pies en el agua sin sumergirte totalmente. Una vez que te los dejas sentir sin arrástrate puedes estar en condición de descubrir que obtienes de esos estados que te empequeñeces. Es decir, ¿Cuál es la finalidad de empequeñecerte?:  ¿Te deja esperando a que venga alguien que te rescate? ¿Hace que te sientas bueno y los demás malos? ¿Te hace dependiente y crees que así no estás solo?…

 Mira hacia dentro, sé el centro de tu vida

Mirar hacia fuera, hacia los demás te deja a la merced de lo de fuera y desconectado de ti mism@, de tu poder y espacio personal. Conecta con tus necesidades y deseos, déjatelos sentir ¿Hacia dónde quieres ir en la vida? ¿Hacia dónde no? Esto supone dejar de buscar las razones por las que el otro hace o deja de hacer y llevar la mirada a uno mismo. Alimentar la conexión contigo mism@ es darte un espacio, es empoderarte, te estás mandando el mensaje que tú eres importante.

Encárgate de ti mismo y toma una actitud proactiva

Deja de alimentar la vivencia de que no eres capaz y contacta con tu capacidad, con tus recursos y hacia dónde quieres ir. Atrévete a sentir tu fuerza interna, como eres capaz de sostenerte por ti mism@ y cómo puedes recibir el sostén de los demás y de la vida. Ya no eres un niño, eres un adulto que puedes valerte en la vida. No se trata de grandes pasos, ni de ser la persona más segura del planeta. Puedes visualizarte a ti atravesando ese camino, sorteando esos obstáculos, sintiendo que es posible, que puedes. Mira a ver ese primer gran paso y empieza por ahí. Date cuenta cuando te pones excusas, cuando te retraes. Y recuerda ¡Tú puedes, eres capaz, si quieres!

 

¿Y qué pasa si me desconecto de mí?

En el artículo pasado escribí sobre algunas maneras que tenemos de desconectarnos de nosotros mismos, de nuestro sentir. Pero no expliqué qué pasa si no estamos conectados, qué consecuencias tiene en nuestra vida, en nuestro día a día. Profundizar en esto me parece básico porque muchos solemos quitarle importancia a temas transcendentales para nosotros y sólo explorando sus consecuencias en nuestra vida podemos motivarnos para dejar de alimentar esos comportamientos que nos separan de nosotros mismos.

Renuncio a lo que quiero y siento de verdad

Al desconectarte de tus sentimientos, de la pena por haber perdido algo o de la rabia por haber sido agredido, desconectas también de tus necesidades y deseos. Imagínate que estás triste y te desconectas de esa tristeza (algo bastante habitual, dicho sea de paso) ¿Qué pasa con tu necesidad de llorar, de ser acogido, de recluirte en ti mismo…? Sí estás rabioso con alguien y te desconectas de esa rabia, ¿qué pasa por ejemplo con tu necesidad de ponerle límites a esa agresión? Si te desconectas de tu sed, dejas de buscar el agua que te sacie. Esto también ocurre a nivel más profundo, al desconectarte de ti mismo lo haces también de tus sueños, de tus capacidades y dones, de cómo puedes  satisfacerte en la vida.

No respeto mis límites propios

En consulta veo muchas personas desconectadas de su cansancio, de su sensación de saciedad al comer, de cómo mantiene relaciones  en las que no se sienten satisfechos.  Si te desconectas  de ti mismo también es fácil que te hagas lesiones fácilmente, que comas en exceso o mal,  que te resfríes más… Y todo esto es porque el contacto con nuestro cuerpo, con nuestras emociones es la guía básica para mantenernos en la vida, para saber si estamos cansados, hambrientos, si algo nos ha sentado mal. Así que si te desconectas, es muy fácil que te pases esos límites a la primera de cambio.

Me hago dependiente

Sí como lo oyes, cuanto más te desconectas de ti mismo, más dependiente te haces de fuera, de lo que deberías hacer, de las expectativas de los demás. Esto es porque te pierdes de tu propia referencia interna y necesitas entonces aferrarte a algo. Por ejemplo, si comienzas a hacer running , el ignorar o quitarle importancia a tus sensaciones físicas, te hará mucho más dependiente de las instrucciones de un libro, opinión de un amigo o incluso de un profesional; dejando de  tener en cuenta tu cansancio, tus dolores y demás sensaciones físicas. Si no miras hacia dentro necesitas mirar más hacia fuera.

Más superficialidad y menos intimidad

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Si te desconectas de lo que sientes difícilmente los demás te sentirán cercano. ¿Cómo te van a sentir cerca si tú mismo estás lejos de ti? Fíjate como te has sentido al encontrarte con alguien que está muy conectado consigo mismo, ¿qué te pasa cuando alguien es honesto con cómo se siente? ¿Y qué te pasa cuando estás con alguien desconectado de su sentir? Ten en cuenta que al desconectarte te ‘mecanizas’, te conviertes en alguien sin sentimientos, sin necesidades ni deseos y miras a los demás también desde ahí.

El sentimiento de vacío interno: Vidas menos ricas

Como ya dije en el artículo anterior, desconectarse de uno mismo es una manera de no vivir plenamente ciertas emociones y vivencias que nos son desagradables, que no aceptamos. Pero al apagar unas emociones, nos apagamos emocionalmente en todas las direcciones. Nuestra vida deja de ser intensa y comienza a aplanarse, la sensación de vacío, de falta, de carencia nos va penetrando poco a poco. Piensa en los niños en general, la vitalidad que tienen, como lo viven todo con intensidad. En general sus vidas son más plenas porque están más conectados con su sentir y lo expresan, son más auténticos. Los adultos en cambio hemos aprendido a temer a nuestras emociones, a nuestras necesidades y como defensa nos hemos desconectado de ellas para hacer lo que toca, pero el precio que pagamos es alto.

 

¿Sabes cómo te desconectas de ti mism@?

Quizás no te hayas dado cuenta de un fenómeno cada vez más presente en esta sociedad, vivimos profundamente desconectados de nuestra esencia, de nuestros sentimientos auténticos. Posiblemente si ahora mismo te preguntaran ¿Cómo estás? te costaría contestar esta pregunta (o lo único que te saldría decir es ‘bien’ o ‘mal’).Tampoco me extrañaría  si estás intentando leer rápido este artículo para pasar a la siguiente actividad y así seguir con el bucle de la desconexión, ¡de la que ni siquiera somos conscientes!. Pero como expliqué en el anterior artículo, no se puedes saber lo que quieres sin pararte en ti, sin conocerte. Por ahora, en estas líneas vamos a ver cómo nos la ingeniamos para desconectarnos de nosotros, porque el camino de la reconexión comienza por darse cuenta de cómo nos desconectamos.

El exceso de estímulos y actividades

Este factor sea posiblemente el más obvio de todos. Llevamos una vida en la que no paramos, detrás de una actividad va la otra, incluso en el caso de los niños, hemos armado nuestras vidas para no parar. Y si lo hacemos es para mirar la televisión, o el móvil, la tablet, el ordenador y así un largo etcétera. Estamos totalmente hacia el exterior, pendiente de datos, mensajes, llamadas… Si vamos de viaje nos planificamos verlo todo en el mínimo tiempo posible. Todo ello hace que no podamos disfrutar, vivir de verdad, plenamente aquello en lo que estamos.

Desconectarse a través de la intensidad emocional

Una manera muy potente de desconectarse de uno mismo es a través de emociones intensas que nos sacan de nuestro presente. Puede ser a través de estímulos externos o actividades, tales como ver una película de terror, hacer puenting, conducir rápido, leer una novela romántica o dramática, el sexo, comer… (las adicciones funcionan con este principio también). Pero también puede ser que te enganches a:  la tristeza, la rabia, el victimismo, la euforia, el miedo, la ira… para evadirte de ti y de las experiencias reales. Estos son procesos inconscientes en los que con nuestros pensamientos vamos alimentando estas emociones que no son genuinas, si no que son postizas, son generadas por nosotros mismos para tapar lo que realmente nos ocurre. ¿Acaso no te has fijado que determinadas personas siempre reaccionan con rabia o agresividad ante casi cualquier suceso?. Otras en cambio casi automáticamente se sienten culpables, o con miedo… Así que ya sabes, ¡párate un poco a ver con qué emociones estás  más enganchado, eres más “adicto”!.

El sueño, el cansancio, el aburrimiento, la falta de interés…

Los estados de baja energía y vitalidad hacen que nuestra atención decaiga, que no estemos suficientemente despiertos para sentirnos y poder ser conscientes de que nos ocurre. Así en terapia, observo como los pacientes empiezan a bostezar y les entra sueño cuando empezamos a tocar temas importantes para ellos. Muchas personas llegan a casa muy cansadas, sin energía ni ganas de hacer nada y al explorar en sus vidas, se puede observar, por ejemplo, relaciones de pareja insatisfactorias. Todos hemos experimentado estados en los que no tenemos ganas de nada, no nos apetece hacer nada más que ver la tele o distraernos con cualquier cosa. Pues bien esta es una muy buena manera de dejar de contactar con uno mismo, con la vida y con los demás.

 Pensar, planificar, imaginar, fantasear…hatena-1184896.png

El irse a la cabeza, al futuro, a nuestros pensamientos, a nuestro mundo imaginario o incluso el buscar la razón o los porqués de las cosas. En definitiva, vivir la vida a través de lo mental nos desconecta del sentir, del corazón, del cuerpo. Buscamos las razones de las cosas, de las decisiones que hemos hecho o han hecho otros pensando que ahí están las respuestas. Y lo único que estamos haciendo es despistarnos de cómo nos sentimos y estamos viviendo eso que ha pasado.

Centrándote en los demás

Preocuparte por los demás, intentar protegernos, cuidarlos, complacerlos y que se lleven una buena imagen de ti… es una manera muy utilizada y con muy buena prensa que hace que te desconectes de ti, de tus necesidades y emociones.  Aclaro, no tiene nada de malo preocuparse por los demás, únicamente señalo que es importante que te plantees para que lo haces, si hay únicamente un interés verdadero por el otro o si aparte hay otras motivaciones inconscientes.

¿Pero para qué necesitamos desconectarnos?

No es casual que dediquemos tanto a desconectarnos de nosotros y de los demás. Realmente si estamos conectados ¡sentimos como nos duelen las cosas de verdad!. Tenemos muchos temas no cerrados del pasado que están ahí, que no soltamos porque no nos dejamos sentir el dolor y las emociones que se quedaron ahí, congeladas (preferimos vivir otras emociones que aunque parezcan intensas, son simplemente tapaderas). Vivimos con miedo a comprometernos emocionalmente con nosotros y por ende a los demás. Miedo a sentir realmente que necesito, que me pasa  en mi trabajo, en mi pareja, en mis relaciones, en la vida en definitiva. Conectarse con uno mismo es una tarea de valientes, de esos que quieren vivir la vida plenamente, sosteniendo lo que hay, sin poner nada, sin quitar nada, sintiendo, sólo sintiendo…