Las 5 claves para pedir eficientemente

Pedir parece algo muy fácil, algunos de vosotros es posible que penséis que cualquiera puede hacerlo sin dificultad. Sin embargo, mi experiencia me dice que la mayoría de las personas tenemos serias dificultades en pedir, tanto porque nos bloqueamos y lo evitamos; o porque nos pensamos que lo estamos haciendo, cuando en realidad estamos haciendo otra cosa (que suele ser manipular al otro o a nosotros mismos). Por ello, me he animado a desarrollar los puntos básicos que entraña el pedir de una manera honesta, nutritiva y satisfactoria, tanto para uno mismo como para el otro.

Contacta con tu necesidad real y profunda

Así como la casa no se empieza por el tejado, a la hora de pedir, el primer paso es contactar con la verdadera necesidad que está reclamando ser cubierta. Para ello, puede ser útil que te pares en tu cuerpo y tu respiración, dejándote sentir desde ahí (no desde la cabeza, ni haciendo un análisis racional). La idea es que te hagas una experta en contactar con tu emoción y con la necesidad que hay detrás, y que pueden estar relacionadas con la fisiología, con la seguridad y confianza, con la estima, con la pertenencia, con el disfrute y auto-actualización, etc. Aclaro, una necesidad no es que mi pareja me abrace cuando llego de casa cansada, si no que podría ser, por ejemplo: “necesito sentirme querida, arropada” (no hay que confundir la manera de obtener una necesidad con la necesidad en sí).

Haz peticiones claras y concretas

Una vez que ya sabes lo que necesitas y has contactado bien con esa necesidad, busca que acciones concretas y posibles puedes pedir a los demás o a ti mismo para conseguir sentirte satisfecho. Y recuerda, no vale eso de decir “te pido que me muestres más cariño”, sino que lo concretes al máximo en acciones: “te pido que cuando llegue a casa, me mires y tengamos un rato para conversar antes de cenar y ver la tele”. Si no lo haces así, el otro no sabrá exactamente a qué te refieres y todo se quedará ahí en un limbo.

Muéstrate necesitad@

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¡Punto básico! No basta con hacer una petición super concreta, si no que tienes que mostrarle al otro realmente que necesitas eso. Tienes que estar conectado con tu necesidad, con tu emoción y trasmitírsela al otro desde ti. Si pretendes aparentar ser ‘fuerte, todopoderoso, autosuficiente, superwoman’… no te quejes de que no tienes lo que necesitas, si no te permites mostrar tu carencia y contactar con ella, ¡mágicamente no se va a satisfacer!. Recuerda solemos ayudar a las personas que vemos necesitadas, no a las que van de sobrados.

No exigir ni manipular

Si haces una petición y te molestas si el otro no accede a ella, es que no estás pidiendo sino exigiendo al otro que hago lo que tú deseas o necesitas. Por lo tanto, cada vez que pides has de tener en cuenta que tú te has de hacer cargo de lo que necesitas. Si el otro no está para satisfacerla, busca en otro lugar, en otra persona (quién sabe, igual en alguna ocasión esa persona incluso puedes se tú mismo). Ten en cuenta que esperar que los demás estén siempre disponibles es el anhelo del niño pequeño, de siempre ser satisfecho. Y si estás leyendo esto, me imagino que ya has pasado esa etapa.

¡El primer encargado de darte eres tú mism@!

No se trata de buscar a la desesperada alguien que pueda satisfacer tu necesidad, tú eres el principal encargado de nutrirte a ti mismo. Tú eres el encargado de tu vida, el responsable de ella. Si tú no te das a ti mismo, no conectas con tu propio amor y cuidado hacía ti, no podrás sentir el que llega de fuera. Así que cada vez que vayas a hacer una petición hacia fuera, déjate también conectar en qué puedes hacer tú por ti mismo. No es que tienes que renunciar a los demás, somos seres sociables y necesitamos al otro, y ahí cosas que sólo puedes obtener de los demás. Se trata de que el camino va de dentro a fuera, yo comienzo sintiendo y dándome, y voy mostrando fuera que necesito. Y cómo yo ya me estoy dando, mi necesidad al menos en parte, estará cubierta y no estaré desesperada y exigente contigo para que me des. Si estoy hambrienta, si mi depósito está vacío, me sentiré desesperada, pero si tengo una reserva, si me encargo de mi necesidad sentiré que no me quedo sin nada, que no dependo completa y enteramente de lo que me puedan dar fuera.

He intentado comprimir lo básico en lo referente a cómo pedir. Si te han quedado dudas recuerda que puedes contactar conmigo por correo: ympsicoterapia@yahoo.es o en mi página web: https://gestaltvalencia.com/contacto

La clave de la Autoestima: La entrega amorosa a un@ mism@

Nos solemos fijar en que fulanito o menganito “no se entrega” en tal o cual relación. O incluso en la dificultad propia de entregarnos al otro. En este sentido, decimos frases como “es que no quiero comprometerme”, “quiere ser libre”, “va a su bola”… Pero poco, o mejor dicho nada, nos damos cuenta de cómo nos entregamos amorosamente a nosotros mismos. A algunos este concepto os puede resultar raro o incluso “cursi”, pero nada más lejos de la realidad, es una de las claves de la felicidad en la vida y de tener unas buenas relaciones nutritivas; en los siguientes puntos veremos por qué.

¿Qué es la entrega amorosa a sí mismo?

La entrega amorosa a sí mismo es la base de la autoestima. Consiste en tomar las propias necesidades genuinas y los deseos como importantes, validarlos, hacerlos presentes de cara a uno y poner energía en satisfacerlos de la mejor manera posible. Es decir, me entrego amorosamente a mi, si conecto con lo que siento y necesito, le doy importancia y hago las acciones necesarias que estén en mi mano para satisfacerlas. De esta manera, cuando me entrego a mí, estoy considerándome importante y valiosa: “lo que sale de mí es válido, es bueno e importante”. Entregarse a uno mismo, es abrir el corazón a lo que viene de dentro y darle un lugar en la vida. Algunos pensaréis que así las personas se vuelven caprichosas y egoístas, pero justamente suele ser al contrario, lo explico en el siguiente apartado.

Si no me entrego a mí mismo, no lo puedo hacer a los demás

Tal como expliqué en el artículo sobre el egoísmo, si no me entrego a mí misma, es imposible que lo haga a los demás. ¿Cómo puedo abrir mi corazón a otra persona si soy incapaz de hacerlo conmigo misma? Si no sé lo que quiero o no le doy importancia jamás podré contactar de una manera plena con nadie, puesto que estaré en una simulación de querer complacer al otro y/o esperar que el otro me complazca a mí. En cambio, si me entrego a mí mismo, a lo que siento y lo pongo en juego, le estoy mostrando al otro mis cartas, quién soy como soy, qué quiero…En definitiva, ¡me estoy abriendo al otro de verdad!

¿Cómo llevarla a cabo? Sanando heridas

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Personalmente creo que desde la psicología y la autoayuda nos han confundido bastante con esta idea ilusa de que para quererse a uno mismo basta con decirse cosas bonitas y así tendremos una autoestima estupenda. Mi experiencia de todos estos años como terapeuta me ha demostrado que no nos entregamos, que no abrimos nuestro corazón porque hemos recibido “palos”, castigos que nos han dolido y como estrategia para no sentir el dolor hemos decido cerrarnos, dejar de tenernos en cuenta. El problema es que así vivimos la vida en una especie de sucedáneo emocional, en el que estamos distantes de lo que realmente sentimos, necesitamos, queremos; y nos distraemos con juegos y papeles, con sufrimiento inútil, desconexión emocional… Por lo tanto, la única vía que conozco para abrir nuestro corazón es ir sanando muy poco a poco nuestra heridas, para que cada vez nos vayamos abriendo de manera gradual a nosotros mismos, a la vida en definitiva.

Recuperando el sentir, el querer y deseo propios

La mejor manera de sanar heridas es darme pequeños permisos que hasta ahora no me daba. Ejemplo, si en mi familia no podía mostrar mi enfado, ahora poder permitírmelo en algún círculo de confianza es un gran paso. Empezar a notar esos impulsos que tengo ahí callados, ahogados y por lo menos darme cuenta que están ahí, que son míos y que son válidos. Y luego mostrarlos, permitir que se vean, que existan. De alguna manera estoy diciendo “Estoy aquí, existo, lo que a mí me pasa y quiero es importante”. Así como ya he dicho, me doy un lugar importante en mi vida, me abro a los demás, conecto con mis motivaciones vitales. La vida pues va siendo más intensa, me siento más complet@, mi centro de referencia soy yo e interactúo de manera más honesta con los demás. Y también, no nos olvidemos, hay más dolor y me siento más expuest@. Para mí merece la pena, ¿y para ti?

Los beneficios de ser Egoísta

Ser egoísta no tiene muy buena prensa en nuestra sociedad. Desde pequeños hemos escuchado eso de no “no seas egoísta y comparte”. Ser egoísta es pues algo a evitar, es un mal comportamiento que si los demás lo descubren podrán reprochártelo y echártelo en cara. Por lo tanto, muchos de nosotros gastamos mucha energía en ‘disimular’ nuestro egoísmo y aparentar que somos ‘generosos’ y que pensamos antes en el otro que en nosotros mismos. Para la persona de a pie, ser egoísta más o menos significa que te tienes en cuenta antes a ti mismo que a los demás y qué no tienes en consideración al otro. Para que tengas una visión más completa del egoísmo, en los siguientes puntos voy a introducir algunos matices importantes que espero te sean de ayuda.

Qué hay detrás de la frase: “No seas egoísta”

Cuando  dices la frase de ‘¡qué egoísta eres!’, generalmente estás mandado el mensaje de ¿cómo puedes haber pensado antes en mí que en ti? El deseo que hay detrás es que el otro piense antes en las necesidades ajenas (justamente del que reclama) que en las propias.  Cuando estés diciendo o pensando en esta frase, date cuenta de lo manipulativo que hay detrás, de cómo esperas que el otro se encargue de ti por encima de sí mismo. Suele pasar también que uno se pasividiza esperando que el otro haga  y si no hace, se enfada con el otro, quitándose así la propia responsabilidad personal. Y encima el egoísta es el otro y uno la pobre víctima indefensa, ¡Toma ya!

Siendo egoísta estás en consonancia con lo que quieres

Si eres egoísta, de verdad, actúas desde lo que a ti te va bien, lo que a ti te gusta. Las únicas expectativas que intentas cumplir son las tuyas propias y las de los demás no tienen tanta importancia. Tú eres lo primero, lo que a ti te ocurre es lo más importante. Esto quiere decir que no estás ‘vendido’ al otro, a lo que esperan y desean de ti. Entonces eres más libre para actuar, para elegir lo que realmente deseas. ¿A qué ser egoísta ya no te disgusta tanto?

Siendo egoísta eres más generos@: haces sin buscar nada a cambio

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Al contrario de lo que se suele pensar, la auténtica generosidad solo puede surgir desde el egoísmo. Si yo hago algo únicamente para agradarte, sin querer hacerlo de verdad, únicamente estoy en un juego manipulativo para intentar conseguir algo de tí: que me aprecies, que me valores, que me quieras… De tal manera que si ‘yo que me sacrifico por ti’ y no consigo eso que esperaba, me sentiré frustrada, desengañada, poco valorada… En cambio, siendo egoísta cuando hago algo que sé que te gusta (y no va en mi contra), no es para obtener nada de ti sino porque me da placer, me apetece que disfrutes, independientemente de que me lo reconozcas o no. Aquí no hay ningún juego, solo el disfrute auténtico por ver al otro satisfecho, gozoso, feliz. Realmente esto es el amor, que te importe de verdad el bienestar del otro, que para ti  que el otro esté bien sea importante. No que te preocupes por el otro para que este te de un lugar, te acepte, te apruebe, te quiera…

Siendo egoísta te muestras verdaderamente

Cuando actúas desde lo que realmente quieres y sientes estás mostrando tus cartas encima de la mesa. Como ya he dicho antes, estás mostrando al otro y a ti mismo lo que te importa de verdad determinadas personas y actividades. Por ejemplo, si el futbol te la trae al pairo, vamos que no te motiva, y en cambio todos tus amigos son futboleros; pues siendo egoísta es posible que te atrevas a dejar de ir al futbol, dejar de hablar de futbol y mostrar a tus amigos lo que realmente piensas sobre este deporte. Por lo tanto, eres más auténtic@ contigo mismo y con los demás, y esto exige valentía y estar conectad@ con la valía interna, confiar en un@ mism@, en las propias preferencias, gustos, opiniones, etc.

Si no eres egoísta no puedes contactar plenamente con el exterior

Sólo puedes contactar con la tristeza de otra persona si contactas con la tuya propia. Únicamente puedes percibir fuera lo que percibes en ti mism@. Si no tienes un buen contacto contigo mismo, con lo que sientes y quieres, es imposible que puedas contactar con lo que sienten los demás. Nosotros somos el termómetro con el que tomamos la temperatura al exterior. Entonces, si la atención tuya está puesta hacia fuera, paradójicamente te va a resultar muy difícil saber qué le pasa al otro. Esto lo podemos corroborar los terapeutas. Generalmente si me siento perdida en una sesión, es porque me he ido con la historia del paciente y me he desconectado de mí. Cuando me doy cuenta de esto, lo que hago es conectar con mi sentir, con mi cuerpo, y así consigo situarme mejor y conectarme con el sentir y con lo que realmente le ocurre al otro.

 La diferencia entre el egoísmo y el egocentrismo

Una cosa es ponerse a sí mismo como referencia y prioridad; y otra diferente es que en la vida no haya espacio para los demás. En el primer caso, hay un responsabilizarse de uno mismo, de lo que uno quiere y necesita:’ le doy importancia a lo que a mí me ocurre, para mí es muy valioso y lo cuido y le doy la atención que necesito’. Sin embargo, el egocentrismo lleva implícito que todo el mundo tiene que estar para atenderme a mí, que yo soy más especial que el resto (sea para bien o por mal). En el fondo, si nos paramos un poco, nos damos cuenta que la persona egocéntrica tiene un agujero muy importante que intenta que los demás se lo llenen, pero que él/ella no lo hace. Entonces egocentrismo y egoísmo son justamente contrarios, en el primero la persona quiere tener siempre la atención de los demás porque se siente vacío internamente; y en el segundo, es la propia persona la que se ocupa de sus propios vacíos, deseos, necesidades.

Espero que te todo esto te haya quedado claro, es un tema que toca matices sutiles pero que marcan grandes diferencias. Para tu día a día, te animo a qué te preguntes si en esa decisión, esa acción, conducta…¿ estás siendo egoísta?, ¿estás velando realmente por ti?, ¿te estás poniendo a ti primero?. ¿O bien estás siendo egocéntrico?, ¿te estás encargando del otro, para obtener algo a cambio?. De verdad que merece la pena hacerse estas preguntas, ¡Mucho ánimo!

5 Claves para tomar tu espacio y poder personal

La mayoría de nosotros tenemos áreas en nuestra vida en las que no nos sentimos “bien plantados”, nos percibimos desubicados, empequeñecidos, disminuidos; o bien todo lo contrario, muy engrandecidos. En cualquier caso, aparece la sensación de no ocupar bien nuestro lugar, de no tomar nuestro propio poder. Éste tiene que ver con sentirnos capaces, con recursos, con contactar con la confianza de que podemos sostenernos a nosotros mismos y obtener la ayuda que necesitamos. Confiamos pues en que podemos ser sostenidos por nosotros y por la vida. Aclaro, el poder No es autoritarismo, ni imposición, ni violencia. Precisamente cuando una persona tiene que recurrir a estos puntos denota una falta de poder interno, una frustración e incapacidad para sentirse poderoso, y entonces tiene que imponerse. Bueno ¡vayamos al tema!, a continuación describo varias claves para que desarrolles tu poder, ¡tenlas presentes en tu día a día!

Desarrolla tu capacidad valorativa

La crítica descalificadora hacia nosotros mismos nos hace despreciarnos, desvalorarnos y no desarrollar nuestros recursos. Si descalificamos a los demás o a la vida nos cerramos a lo de fuera y tomamos una disposición de No tomar, no recibir; y por lo tanto no nos podemos nutrir. Imagínate una planta a la que, a pesar de tener nutrientes, agua y sol, por cualquier razón no puede tomarlos ¿Qué crees que pasará?… ¿Verdad que no crecerá y se irá debilitando cada vez más?. Pues esto mismo es lo que nos puede pasar a nosotros si no desarrollamos nuestra capacidad de valorar, de tomar lo que la vida nos aporta. En este sentido, un ejercicio muy interesante es hacer un ‘diario valorativo’, en el que cada día escribas al menos 5 cosas que has disfrutado, apreciado, valorado del día (cuanto más pequeñas y concretas mejor).

Pon los límites que necesitas y acepta los de los demás

Di que No cuando realmente no quieras hacer algo. Atrévete a expresar y proponer lo que quieres y necesitas. El poder es poder permitirse estar dónde uno quiere y salir de dónde uno siente que no es su lugar o su momento. Esto implica que en ocasiones tendremos que marcar a los demás y enfrentarnos al rechazo y crítica del otro. Recuerda que al decir que No, no estar rechazando a la persona en su totalidad, sólo a la propuesta concreta. Y al revés, el poder también tiene que ver con aceptar los límites y necesidades del otro. Porque si te hundes/frustras/ cabreas cada vez que recibes un No, dejas de estar en tu espacio, te pierdes, te desempoderas, te sales de tu eje.

Sostén las emociones y pensamientos con los que te empequeñeces

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No se trata de que dejes de sentirte frustrado, hundido, avasallado, impotente… No somos robots, intentar dejar de sentir sólo te llevará a maquinizarte y desconectarte. Pero si puedes conocer estos estados emocionales, dejártelos sentir sin dejarte arrastrarte por ellos. Sería algo así como ir a la playa y meter los pies en el agua sin sumergirte totalmente. Una vez que te los dejas sentir sin arrástrate puedes estar en condición de descubrir que obtienes de esos estados que te empequeñeces. Es decir, ¿Cuál es la finalidad de empequeñecerte?:  ¿Te deja esperando a que venga alguien que te rescate? ¿Hace que te sientas bueno y los demás malos? ¿Te hace dependiente y crees que así no estás solo?…

 Mira hacia dentro, sé el centro de tu vida

Mirar hacia fuera, hacia los demás te deja a la merced de lo de fuera y desconectado de ti mism@, de tu poder y espacio personal. Conecta con tus necesidades y deseos, déjatelos sentir ¿Hacia dónde quieres ir en la vida? ¿Hacia dónde no? Esto supone dejar de buscar las razones por las que el otro hace o deja de hacer y llevar la mirada a uno mismo. Alimentar la conexión contigo mism@ es darte un espacio, es empoderarte, te estás mandando el mensaje que tú eres importante.

Encárgate de ti mismo y toma una actitud proactiva

Deja de alimentar la vivencia de que no eres capaz y contacta con tu capacidad, con tus recursos y hacia dónde quieres ir. Atrévete a sentir tu fuerza interna, como eres capaz de sostenerte por ti mism@ y cómo puedes recibir el sostén de los demás y de la vida. Ya no eres un niño, eres un adulto que puedes valerte en la vida. No se trata de grandes pasos, ni de ser la persona más segura del planeta. Puedes visualizarte a ti atravesando ese camino, sorteando esos obstáculos, sintiendo que es posible, que puedes. Mira a ver ese primer gran paso y empieza por ahí. Date cuenta cuando te pones excusas, cuando te retraes. Y recuerda ¡Tú puedes, eres capaz, si quieres!