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Las 5 prioridades en la Obesidad y el Sobrepeso

A continuación os adjunto el enlace del artículo que he escrito para la Clínica Obésitas, en honor al día europeo de la obesidad:

 

http://www.clinicasobesitas.com/actualidad/las-5-prioridades-en-la-obesidad/

Cómo comes dice mucho de ti

La realidad es que cualquier conducta dice mucho del que la hace, desde el caminar, el escribir, el mirar… Sin embargo el comer es una conducta muy especial e importante, ya desde que nacemos es la vía principal con la que nos relacionamos con el exterior, y principalmente con nuestra madre (que es con quién suele encargarse de ello). Desde pequeños nuestras emociones y necesidades eran ‘aplacadas’ con la comida, por lo tanto es natural que mucho de estas vivencias aún se sigan manifestando de adultos en nuestra manera de comer. En este artículo vamos a ver algunas claves.

La ‘personalidad’ también se refleja en la comida

Nuestra manera de estar en la vida se refleja en lo que comemos. Si eres muy crítica y exigente, lo más seguro que también lo serás cuando vayas a comer. Si eras una persona muy “disfrutona” y le das mucha importancia al placer, en la comida es muy probable que también busques este placer. Si eres conservadora posiblemente vayas a comidas más tradicionales y típicas… En mi experiencia, he visto que también puede funcionar por compensación, por ejemplo, veo personas que son extremadamente controladoras en su vida pero con la comida justamente se sienten descontroladas. O personas con vidas muy poco satisfactorias cuya única fuente de placer es la comida.

Los límites y la comida

Nuestros primeros límites desde pequeños los poníamos con la comida, cerrando la boca si no queríamos más o llorando si teníamos hambre. Comer lo que uno necesita, ni más ni menos es un límite muy importante, que ya desde pequeños es posible que nos costara marcar. Porque no nos queríamos enfrentar a la reacción de nuestros padres, porque comiendo más estábamos compensando otro tipo de necesidad afectiva que no se estaba viendo cubierta, etc. En este sentido, continuamente escucho en consulta comentarios como “Nunca noto que tengo suficiente”, “A pesar de estar lleno necesito más”, “A veces, aunque sé que no tengo hambre noto un vacío en el estómago y tengo que comer”… Estas personas tienen dificultad contactar con su límite, con notar que están satisfechos, que han tenido suficiente y también con contactar con lo que necesitan y lo que no. Así es frecuente el perfil de persona que complace a los demás y que no conecta ni manifiesta su necesidad, quedando pues la comida como un calmante de la frustración, vacío, enfado (muchas veces inconsciente) que sienten. Pueden ser también personas que no han tenido límites claros en sus vidas, sus padres no se los pusieron y han crecido con esta sensación de no tener límite: “Cuanto más mejor” y la vivencia de ser “insaciable”.

El autocuidado

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Solemos cuidar más aquello que valoramos y apreciamos, y descuidar lo que no. La alimentación es nuestra principal fuente de nutrición, y por lo tanto, si la descuidamos lo que estamos reflejando es una falta de aprecio y valoración hacia nosotros mismos. El cuidar y el querer van necesariamente juntos de la mano. Y no significa que cuanto más queremos más damos, si no que si queremos a alguien o a algo le damos lo que necesita (ni más ni menos, acuérdate de los límites). Es decir, si te quieres de verdad, una manifestación de ello será que comas lo que necesitas y te sienta bien, ya sea en calidad como en cantidad. Y viceversa, si cuidas lo que comes, como lo comes… estas alimentando tu autocuidado y amor hacia ti mismo. Aclaro que el autocuidado no viene desde la exigencia de hacer dieta estricta, desde el contar calorías y comer todo light para no engordar sino desde el deseo de estar bien, sano, equilibrado, de tener una buena vida.

La sobrealimentación como protección

La mayoría de los que estáis leyendo este artículo ya os habréis dado cuenta que solemos comer muchas veces para calmarnos, para silenciar estados emocionales temidos y de los que no queremos ser conscientes. Yendo aún más allá, he observado en personas con sobrepeso y obesidad que justamente este gran volumen corporal a veces les sirve (inconscientemente) de protección frente al mundo, es como una especie de coraza emocional para no ser dañadas. Piensa que si tienes que abrazar a una persona con obesidad resulta más complicado sentir al otro (debido a la grasa circundante). Además se da el hecho que en el juego de seducción puede suponer una defensa para no entrar en él. En este sentido, muchos pacientes que han adelgazado mucho me han contado como se les han disparado sus miedos a ser mirados, a entrar de nuevo en el “mercado”.

Rebeldía y manipulación

Piensa en un/a niño/a resentido/a con su madre pero que no le manifiesta directamente dicho enfado. ¿Se te ocurre alguna manera con los recursos que dispone? Pueden tener varios, si es mayor sacando malas notas, no obedeciéndola,… Pero hay una conducta estrella que los niños conocen y es la de negarse a comer la comida que la madre les da; ¡esta es una de las cosas que más cabrea a las madres!. Así que como el que no quiere la cosa, el niño/ la niña consigue sacar a su madre de quicio comiendo poco o negándose a comer lo que le prepara, solicitándole otra comida. Esta actitud de rebeldía, de no tomar a los padres, si no se aborda, se puede mantener en la adultez, dando lugar a adultos muy ‘delicados’ en la alimentación, que casi no les gusta de nada. Este fue mi caso, de pequeña y joven casi no comía de nada, literalmente me daban asco muchísimos alimentos (desde verdura, pasta incluso pizzas). Sin embargo, me di cuenta que a medida que iba estando más en paz conmigo misma, empecé a comer cada vez más cosas y eso que antes me daban arcadas, poco a poco ha ido cambiando hasta poder disfrutar de todas esas comidas. A lo largo de estos años me he dado cuenta que no se trata de forzar a comerse algo si no poder ver más allá y abordar el asunto de raíz.

Hay muchísimos más puntos en este sentido, ya que la alimentación es un tema muy complejo y puede estar relacionado con numerosos aspectos de nuestra vida que se entrecruzan. La finalidad de este artículo no es establecer verdades supremas, si no que reflexionemos y podamos por lo menos hacer más consciente cómo comemos y qué puede decir nuestra manera de comer con nuestro estar en el mundo, con como nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.

Las 5 claves para pedir eficientemente

Pedir parece algo muy fácil, algunos de vosotros es posible que penséis que cualquiera puede hacerlo sin dificultad. Sin embargo, mi experiencia me dice que la mayoría de las personas tenemos serias dificultades en pedir, tanto porque nos bloqueamos y lo evitamos; o porque nos pensamos que lo estamos haciendo, cuando en realidad estamos haciendo otra cosa (que suele ser manipular al otro o a nosotros mismos). Por ello, me he animado a desarrollar los puntos básicos que entraña el pedir de una manera honesta, nutritiva y satisfactoria, tanto para uno mismo como para el otro.

Contacta con tu necesidad real y profunda

Así como la casa no se empieza por el tejado, a la hora de pedir, el primer paso es contactar con la verdadera necesidad que está reclamando ser cubierta. Para ello, puede ser útil que te pares en tu cuerpo y tu respiración, dejándote sentir desde ahí (no desde la cabeza, ni haciendo un análisis racional). La idea es que te hagas una experta en contactar con tu emoción y con la necesidad que hay detrás, y que pueden estar relacionadas con la fisiología, con la seguridad y confianza, con la estima, con la pertenencia, con el disfrute y auto-actualización, etc. Aclaro, una necesidad no es que mi pareja me abrace cuando llego de casa cansada, si no que podría ser, por ejemplo: “necesito sentirme querida, arropada” (no hay que confundir la manera de obtener una necesidad con la necesidad en sí).

Haz peticiones claras y concretas

Una vez que ya sabes lo que necesitas y has contactado bien con esa necesidad, busca que acciones concretas y posibles puedes pedir a los demás o a ti mismo para conseguir sentirte satisfecho. Y recuerda, no vale eso de decir “te pido que me muestres más cariño”, sino que lo concretes al máximo en acciones: “te pido que cuando llegue a casa, me mires y tengamos un rato para conversar antes de cenar y ver la tele”. Si no lo haces así, el otro no sabrá exactamente a qué te refieres y todo se quedará ahí en un limbo.

Muéstrate necesitad@

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¡Punto básico! No basta con hacer una petición super concreta, si no que tienes que mostrarle al otro realmente que necesitas eso. Tienes que estar conectado con tu necesidad, con tu emoción y trasmitírsela al otro desde ti. Si pretendes aparentar ser ‘fuerte, todopoderoso, autosuficiente, superwoman’… no te quejes de que no tienes lo que necesitas, si no te permites mostrar tu carencia y contactar con ella, ¡mágicamente no se va a satisfacer!. Recuerda solemos ayudar a las personas que vemos necesitadas, no a las que van de sobrados.

No exigir ni manipular

Si haces una petición y te molestas si el otro no accede a ella, es que no estás pidiendo sino exigiendo al otro que hago lo que tú deseas o necesitas. Por lo tanto, cada vez que pides has de tener en cuenta que tú te has de hacer cargo de lo que necesitas. Si el otro no está para satisfacerla, busca en otro lugar, en otra persona (quién sabe, igual en alguna ocasión esa persona incluso puedes se tú mismo). Ten en cuenta que esperar que los demás estén siempre disponibles es el anhelo del niño pequeño, de siempre ser satisfecho. Y si estás leyendo esto, me imagino que ya has pasado esa etapa.

¡El primer encargado de darte eres tú mism@!

No se trata de buscar a la desesperada alguien que pueda satisfacer tu necesidad, tú eres el principal encargado de nutrirte a ti mismo. Tú eres el encargado de tu vida, el responsable de ella. Si tú no te das a ti mismo, no conectas con tu propio amor y cuidado hacía ti, no podrás sentir el que llega de fuera. Así que cada vez que vayas a hacer una petición hacia fuera, déjate también conectar en qué puedes hacer tú por ti mismo. No es que tienes que renunciar a los demás, somos seres sociables y necesitamos al otro, y ahí cosas que sólo puedes obtener de los demás. Se trata de que el camino va de dentro a fuera, yo comienzo sintiendo y dándome, y voy mostrando fuera que necesito. Y cómo yo ya me estoy dando, mi necesidad al menos en parte, estará cubierta y no estaré desesperada y exigente contigo para que me des. Si estoy hambrienta, si mi depósito está vacío, me sentiré desesperada, pero si tengo una reserva, si me encargo de mi necesidad sentiré que no me quedo sin nada, que no dependo completa y enteramente de lo que me puedan dar fuera.

He intentado comprimir lo básico en lo referente a cómo pedir. Si te han quedado dudas recuerda que puedes contactar conmigo por correo: ympsicoterapia@yahoo.es o en mi página web: https://gestaltvalencia.com/contacto

EL MIEDO A PERDER EL CONTROL EN LAS RELACIONES

En estos tiempos que corren hoy en día, a muchos de nosotr@s nos cuesta abrir nuestro corazón, y no me refiero únicamente a relaciones de pareja, si no a cualquier relación de intimidad, dónde nos mostramos realmente cómo somos, dónde nos sentimos cercanos al otro, dónde nos vinculamos, queremos y nos dejamos querer. Observo en muchísimas personas una gran dificultad para dejarse apoyar y acompañar. Incluso personas con pareja, buen apoyo familiar y muchos amigos, en el fondo no confían realmente en poder abrirse a los demás, y controlan de manera más o menos inconsciente su estar, no dejándose ser plenamente, no compartiendo/se de manera honesta.

Soledad y dependencia emocional velada

Al no mostrarte de verdad a otras personas dejarás de tener contactos auténticos y nutritivos con otros. Al no “darte” al otro, evidentemente te estás aislando emocionalmente, teniendo únicamente contactos superficiales, en los que no te implicas, en los que no te muestras, en los que de alguna manera te mantienes al margen. Muchas personas piensan que esto es fortaleza porque “no dependen de nadie para nada”, pero en el fondo lo que consiguen es justamente todo lo contrario, sentirse más solos, desamparados, sin apoyos de verdad. Mi experiencia me corrobora que justamente así, la persona se hace mucho más dependiente, ya que al no permitirse el apoyo de los demás, se está cada vez más hambriento de él. El que está saciado necesita menos que el que apenas se nutre. Así que si eres una de esas personas que no te permites tomar de los demás, prueba a dejarte sentir como vives la dependencia, seguramente aparecerá de una manera muy intensa en alguna área de tu vida.

La intimidad requiere bajar nuestras defensas

No hay otro camino, no podemos sentirnos cerca de alguien, no podemos ser tocados y tocar con nuestra armadura incorporada. Hemos de quitarnos, aunque sea poco a poco, dicha armadura para empezar a sentir, para poder tener relaciones de verdad. En la práctica, supone por ejemplo dejar de aparentar, soltar nuestra imagen de: buen/a chic@, victima, brillante, pasota, fuerte, gener@, simpátic@, dur@, invulnerable, frágil, y así un largo etcétera. Supone también dejar de esperar que el otro adivine mi necesidad y me la cubra sin yo tener que mostrarme necesitad@.

¿Cuál es el miedo profundo?

Esta es una pregunta imprescindible a hacerse y a dejarse sentir durante una buena temporada (no para contestar en unos minutos y olvidarse de ella, que es lo que solemos hacer). ¿Tienes miedo a ser invadido, a perder tu individualidad, a ser rechazado, a ser humillado, a ser abandonado, a perder tu lugar de poder, …? Sé honesta contigo misma, mira a ver en tu historia que es lo que ha prevalecido, que es lo que has temido que ocurra al empezar a intimar con una persona o al mostrarle parte de tu intimidad. Es decir, cuando te “desnudas” emocionalmente frente al otro, ¿qué es lo que temes que ocurra?

Soltar las luchas de poder

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Si tienes miedo a soltar el control, es que de alguna manera te estás aferrando a un lugar que te resulta más cómodo (aparentemente más seguro), dónde te relacionas de manera con los demás de manera superficial, con juegos de poder que aprendiste de pequeño. Desde entonces posiblemente aprendiste que mostrándote así como eras, resultaba peligroso y tomaste ciertos papeles desde los cuales eras más aceptado por tu familia y entorno cercano. Como ejemplo, hay niños que se hacen adultos demasiado pronto, ocupando incluso el lugar de sus padres y pudiéndose convertir en hiperresponsables, espabilados, fuertes, pendientes de los demás… En algunos casos, como acabo de comentar, rechazan el papel de hijo y se ponen por encima de su padre o madre ( o de ambos). Por lo tanto, aquí la persona experimentará grandes dificultades para mostrarse emocionalmente necesitado, vulnerable; ya que esto supondría romper ese juego y situarse como alguien necesitado; es decir, dejar de ser padre/ madre y sentirse niño.

Dejándonos ser con el otro (y dejando ser al otro)

Únicamente podremos tener una vida más plena si nos vamos atreviendo a ir soltando nuestra adicción por el control en las relaciones, nuestras defensas para no ser dañado, nuestro miedo a la intimidad, a mostrarnos de verdad, a querer y ser queridos. Se trata de poder contactar con ese niño necesitado que todos tenemos, no para que los demás se encarguen de él, si no hacerlo nosotros; y para ello necesitamos también de los demás. Es decir: “yo puedo estar contigo con mi necesidad, la siento, la muestro, me encargo de ella, de satisfacerme y también de pedirte lo que necesite, y si no me lo puedes dar, busco la mejor manera para satisfacerme“. No soy esa persona invulnerable, que no necesita pero tampoco me victimizo o fragilizo, ni te infravaloro, no me creo eso de que “nadie ni nada podrá ocuparse de mi“. Si hay una ley en esta vida, es que el mundo es rico y generoso para que todos podamos satisfacer nuestras necesidades y desarrollarnos.