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LA TERNURA, CLAVE PARA EL BUEN VIVIR

Uno de los riesgos más importantes que corremos hoy en día es vivir sin un buen contacto con la ternura. Así la vida se hace insustancial, vacía, llena de confrontaciones, lucha, exigencia, crítica y un largo etcétera. De pequeños, justamente este contacto con la ternura es lo que hizo que pudiéramos crecer sanos y tener buenos vínculos con otras personas. Sin embargo, al ir protegiéndonos de nuestras heridas, cada vez nos hemos ido quedando más en la crítica, la frialdad, la dureza, el raciocinio, la distancia,…, que nos “secan” por dentro, impidiendo que vivamos una vida plena y nutritiva.

¿Qué es la ternura?

La ternura es la escucha amorosa, receptiva a uno mismo y a los demás. Es la conexión profunda con las necesidades propias y de los demás. Para mí, es como un bálsamo que me apacigua por dentro, en la que me puedo ver sin crítica, sin juzgarme. Me atiendo a mi misma y al otro con una actitud maternal, con la que me recojo y recojo al otro en lo que estoy, en lo que está. Es una actitud profundamente amorosa de tomarse a uno mismo y tomar al otro; de mirarse y aceptarse con lo que hay, con lo que necesito y con lo que tengo. La ternura es la actitud que la mayoría hemos esperado y deseado de nuestra madre, y que en mayor o menor medida, se ha visto frustrada; y de ahí nos hemos sentido heridos, manipulados, carentes,…

Siempre empieza con uno mismo

Uno de los problemas que tenemos es que esperamos que la ternura venga de fuera. Creemos que es el otro el que tiene que saciar nuestra sed de ternura y amor. Y nos pasamos así gran parte de nuestra vida anhelando que nos llenen nos calmen, nos nutran. Al mismo tiempo, nos creemos con la obligación de ser “tiernos” y amorosos con el otro, cuando con uno mismo estamos en una guerra, lucha autocrítica, etc.

No podemos ser tiernos con el otro y tomar la ternura de fuera, si no contactamos con la propia ternura interna. No podemos dar aquello que carecemos, no podemos abrirnos si estamos cerrados en banda con nuestra armadura de dureza y desconexión.

La confundimos con la ternura postiza o “Pasteleo”

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En nuestra sociedad hay poco contacto con la ternura, sin embargo hay bastante pasteleo pegajoso. A simple vista puede parecer ternura, porque pueden haber abrazos, mimos, palabras bonitas. Pero es una cosa aparente porque no hay profundidad en lo que se dice o hace. Realmente esas personas no están en contacto con su sentir sino que se simula (generalmente de manera inconsciente). Esto puede ser para ganarnos la cercanía, la confianza del otro, para que no nos critique, para hacernos cargo de la otra persona, para realmente no contactar con nuestra vulnerabilidad…. Nos convertimos en niñit@s algo “mamones” (de mamar y chupar teta) o bien en madres superprotectoras, aparentemente dadoras pero también controladoras y absorbentes. Todo esto no es de manera consciente y premeditada, así que cuando estés en una situación tierna te puede ser de gran ayuda preguntarte si de verdad lo sientes profundamente así y que motivaciones tienes para ello.

Ternura, Agresividad y poder personal

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La auténtica ternura va asociada irremediablemente con un buen contacto con la agresividad y el propio poder personal. Es decir, contacto con lo que necesito y desde ahí me muevo en la vida yendo hacia lo que me surge. Si soy tierno conmigo mismo, me doy el derecho y el espacio para ir hacia lo que quiero. Poniendo límites a lo que no quiero del otro, pidiendo lo que sí, aceptando lo que no puede ser. Una buena actitud tierna va unido a un buen posicionamiento en la vida, en la que me percibo como necesitado y también como capaz. Pensemos en cualquier ser vivo: sienten, están conectados con ellos mismos y desde ahí van moviéndose por la vida, satisfaciéndose en la medida de lo posible, teniendo en cuenta el ambiente y a ellos mismos. Dejar al otro hacer lo que quiera y aparentar ser bueno y cariñoso, no es ternura, es sumisión. Hacer lo que uno quiere, sin contacto real con la necesidad propia o del otro tiene que ver más con el capricho, con dominar, imponer y no con la agresividad y el poder.

Como contactar con ternura en el día a día

La ternura no se crea, ni se inventa, ni se hace. La ternura es el contacto auténtico y profundo con uno mismo. Por lo tanto, para vivir la vida desde ahí, lo mejor que podemos hacer es escucharnos, pararnos durante el día para respirar y dejarnos sentir, y también sentir al otro. Darnos cuenta de nuestros juicios, descalificaciones… hacia nosotros y hacia los demás; e ir poco a poco dejando de alimentarlos. La no aceptación de uno mismo, del otro nos distancia de nuestra ternura.

Sentir lo que se nos ha dado, lo que nos damos a nosotros, lo que la vida y los demás nos dan. Y también el contacto con lo que damos a los demás, a la vida.

Date cuenta también que es lo que te cierra a sentir el amor, lo suave… ahí pueden aparecer miedos, inseguridades, defensas, juicios, relaciones enquistadas con padres…

Tener un buen proceso de terapia y la meditación son a mi parecer, dos grandes vías para poder ir trabajando todo esto y vivir en contacto con la ternura, la paz, la aceptación, el amor…

Pintar contra el estrés

La semana pasada me entrevistaron sobre los efectos de pintar, y en concreto mandalas. Este es el resultado:

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http://360gradospress.com/not/106410/pintar-contra-el-estres/

 

Claves para soltar y vivir una vida más ligera y plena

La mayoría de nosotros vivimos con mucha carga; la vida nos pesa porque permanecemos aferrados a maneras de funcionar del pasado. Algunos permanecen en el niño/ adolescente crónico con miedo a madurar y responsabilizarse, otros se aferran al encargarse de todo, al exceso de exigencia y actividad, otros al victimismo, otros al miedo… La cuestión es que nuestro estar en la vida suele esta condicionado por esto, en vez de vivir según nuestras necesidades y deseos del momento. En los siguientes puntos hablo de cómo podemos hacer el camino contrario, cómo aligerarnos, viviendo una vida más plena, con menos carga, más auténtica y fluida.

Aborda tus ‘asuntos inconclusos’

Uno de los principales problemas que tenemos es que intentamos vivir de espalda a los temas emocionales que más energía nos consumen. Es decir, gastamos mucha energía en intentar evitar conectar realmente con lo que más duele y nos despistamos con otras cosas, para no conectar con eso que está pendiente. Incluso muchas veces utilizamos el sufrimiento y el victimismo para no contactar con lo que realmente nos toca por dentro (parece una paradoja, pero así lo he observado). Por lo tanto, un paso importante es mirar nuestra realidad tal y como es, sin engañarnos ni distraernos.

Desenmascara tus creencias inhibitorias

“Yo no puedo”, “Yo no sé”, “ Soy trabajador (siempre)”, “Nadie me va a querer”, “No merezco amor”, “Yo no valgo”, “Soy fuerte (siempre)”, “Soy débil”,…Estos son ejemplos de creencias que podemos tener interiorizadas desde hace mucho y que están condicionando nuestra existencia. Porque las creencias marcan nuestra manera de percibir la vida y por lo tanto de comportarnos. Es decir, si yo me vivo a mi misma como incapaz, voy a percibir lo que me ocurra desde este prisma (en un artículo anterior ya hablé de esto más en profundidad). Lo importante es que para sentirnos más ligeros, hemos de darnos cuenta que la manera que tenemos de percibir el mundo no es la verdad absoluta, viene de nuestras experiencias tempranas.

Haz las paces con la vida, contigo mismo, con tus padres

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Si exploramos un poco dentro de nosotros mismos y de nuestro comportamiento, seguramente nos daremos cuenta que estamos anclados en lo que no nos han dado, en lo que no hemos tenido en la vida, en nuestra carencia o incluso en la sensación de injusticia por lo ocurrido. La vida no es perfecta, y ningún padre/ madre lo es.  De pequeños nos criaron con amor pero también desde la falta y con las limitaciones que nuestros padres y familias tuvieron. Aunque a nivel teórico esto puede parecer claro y obvio, internamente nos suele costar soltar este rencor por lo ocurrido (muchas veces está muy oculta dentro de nosotros). Nos mantenemos así aferrados a nuestras heridas pasadas y esto hace que nos cueste mirar hacia delante, nuestro vivir no es ligero.

Acepta que la vida no es perfecta ni justa

Desde mi punto de visto, el camino no es perdonar a nuestros padres ni a la vida, esto sería una actitud de prepotencia, de considerar que ellos nos deben y nosotros nos ponemos por encima de ellos. El camino está en mirar lo que pasó, aceptarlo y tomarlo así, aceptar que la vida no es perfecta, ni justa, tomar también mi parte y ver a mis padres como parte de esa cadena familiar. Es decir, suelto mi visión de víctima, de niña pequeña y me tomo como adulta, que se responsabiliza de lo ocurrido, que lo acepta y de esta manera uno puede ir soltándolo para tomar aquello que la vida va ofreciendo en el presente.

Tomate tal y como eres/ estás

Otro gran camino, muy importante para vivir de manera plena y ligera, es aceptarse a uno mismo tal y como es, con mis luces y con mis sombras, con lo que me gusta y con lo que no. Esto implica dejar de querer cambiarse, dejar de hacer intentos para ser de otra forma, para “mejorarse”. Sí, lo habéis oído bien, querer mejorarse continuamente no lleva más que al autodio, a la autocrítica, a sentirse con poco valor, porque nunca es suficiente, porque yo no soy suficiente. Esto va en contra de todos los mensajes sociales que nos impulsan a mejorar, a dar una mejor imagen de nosotros mismos. Yo digo, “tú estás bien tal y como eres,” “si te tomas y aceptas de manera natural irás desarrollando todo tu potencial y capacidades innata”. Lo bebés no necesitan estar en continuo afán de mejorar para ir creciendo. Las plantas se desarrollan, crecen, dan fruto sin ninguna intención de mejorarse. ¿Por qué para nosotros tendría que ser diferente?

Vive en el momento presente

Al ir soltando nuestras heridas, nuestras creencias del pasado, irremediablemente estaremos más en contacto con nosotros mismos, con nuestro aquí y ahora. Poco a poco nuestra energía estará en qué me pasa ahora mismo, que quiero y de manera natural voy fluyendo hacia eso que quiero. Vivir en el momento presente no significa que me de igual el futuro, que no lo planifique, supone que mi energía, mi atención está mayoritariamente en dejarme fluir en el momento actual, en lo que me ocurre. Supone confiar en uno mismo, en la vida sin tener que aferrarse al pasado o a qué pasará, a relaciones que ya no me nutren, a lo material, a la seguridad de unos ahorros.

Sigue tu intuición para ir por nuevos caminos

Solo desde el presente podemos estar en sintonía con nuestra intuición interna, con nuestro impulso genuino. Una vez que nos vamos aligerando seguramente nos daremos cuenta de que somos más capaces de acompañarnos a nosotros mismos, de comprometernos con lo que necesitamos y querernos de manera profunda. Podremos parecer impulsivos, pero desde nuestro fuero interno sabremos que estamos siguiendo el camino a recorrer. La vida pues se hace mucho más sencilla, pues nuestro sentir, nuestro interior nos va marcando el recorrido, no tenemos que pensar y repensarlo todo, ni escuchar mil opiniones; nuestra intuición, nuestra autoescucha es la mejor brújula para orientarnos en esta aventura que es la vida.

Las 5 prioridades en la Obesidad y el Sobrepeso

A continuación os adjunto el enlace del artículo que he escrito para la Clínica Obésitas, en honor al día europeo de la obesidad:

 

http://www.clinicasobesitas.com/actualidad/las-5-prioridades-en-la-obesidad/