Alimentación, imagen corporal y peso

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Desde hace unos años me he especializado en este área de intervención psicoterapéutica. A lo largo de este tiempo he ido observando y confirmando aquello que imaginaba. Nuestros hábitos alimentarios, la manera en qué comemos no están determinados por decisiones conscientes (que queremos comer y cómo) sino por aprendizajes emocionales realizados muchos de ellos desde que éramos niños.

Así algunos aprendimos que la rabia no se expresa, hay que ser un niño bueno, entonces es mejor COMERSELA. Y suele pasar que estamos muchas veces cabreados (sin saberlo) y comemos y comemos. Yo me pregunto, ¿a quién queremos fastidiar?…

Otros no se sienten nunca llenos, siempre se sienten vacíos y adivinad que hacen COMER Y COMER, se sacian un rato pero luego vuelven a sentirse vacíos.

Los hay también que les pirra el dulce, tanto que para ellos puede llegar a ser una auténtica adicción. “Sin el chocolate no puedo pasar, es mi pasión”. El dulce se alza pues como un sucedáneo, como un sustituto de otra “cosa” que no hemos tenido (cada uno que comience a imaginar).

También está el caso de personas que empiezan a engordar y a descontrolarse a partir de un momento dado de su vida. Digamos que la comida fue ahí su consuelo, su vía de escape.

Seguro que la mayoría de vosotros habéis escuchado o dicho la frase: “Como por aburrimiento”. Para mí lo que suelo percibir es que mientras que hago cosas y tengo la mente ocupada no contacto conmigo mismo. ¿Pero qué pasa cuando descanso del ritmo diario y me encuentro conmigo mismo? Pues puede pasar que no me guste lo que noto y desea escapar de esa sensación, y adivinad que hago COMO.

Y así, podría estar enumerando un sinfín de ejemplos y situaciones. Pero lo importante, es que la mayoría de nosotros, en vez de pararnos e intentar solucionarlas, lo que hacemos es pelearnos con la comida, con nuestro cuerpo, obsesionarnos más por ello y entrar en un círculo vicioso muy peligroso de una dieta tras otra, de un machaque tras otro pero nunca llegamos a solucionarlo; porque nos estamos centrando en el síntoma y no en lo que nos ocurre, es más así no hacemos más que empeorar la situación.

Por ello, considero que es básico encontrar un espacio dónde poder destapar y mirar honestamente el papel de la comida y de mi cuerpo en mi vida, comprendiéndonos y tomando las riendas nuestra alimentación, de nuestras emociones y de nuestra vida.