Cómo comes dice mucho de ti

La realidad es que cualquier conducta dice mucho del que la hace, desde el caminar, el escribir, el mirar… Sin embargo el comer es una conducta muy especial e importante, ya desde que nacemos es la vía principal con la que nos relacionamos con el exterior, y principalmente con nuestra madre (que es con quién suele encargarse de ello). Desde pequeños nuestras emociones y necesidades eran ‘aplacadas’ con la comida, por lo tanto es natural que mucho de estas vivencias aún se sigan manifestando de adultos en nuestra manera de comer. En este artículo vamos a ver algunas claves.

La ‘personalidad’ también se refleja en la comida

Nuestra manera de estar en la vida se refleja en lo que comemos. Si eres muy crítica y exigente, lo más seguro que también lo serás cuando vayas a comer. Si eras una persona muy “disfrutona” y le das mucha importancia al placer, en la comida es muy probable que también busques este placer. Si eres conservadora posiblemente vayas a comidas más tradicionales y típicas… En mi experiencia, he visto que también puede funcionar por compensación, por ejemplo, veo personas que son extremadamente controladoras en su vida pero con la comida justamente se sienten descontroladas. O personas con vidas muy poco satisfactorias cuya única fuente de placer es la comida.

Los límites y la comida

Nuestros primeros límites desde pequeños los poníamos con la comida, cerrando la boca si no queríamos más o llorando si teníamos hambre. Comer lo que uno necesita, ni más ni menos es un límite muy importante, que ya desde pequeños es posible que nos costara marcar. Porque no nos queríamos enfrentar a la reacción de nuestros padres, porque comiendo más estábamos compensando otro tipo de necesidad afectiva que no se estaba viendo cubierta, etc. En este sentido, continuamente escucho en consulta comentarios como “Nunca noto que tengo suficiente”, “A pesar de estar lleno necesito más”, “A veces, aunque sé que no tengo hambre noto un vacío en el estómago y tengo que comer”… Estas personas tienen dificultad contactar con su límite, con notar que están satisfechos, que han tenido suficiente y también con contactar con lo que necesitan y lo que no. Así es frecuente el perfil de persona que complace a los demás y que no conecta ni manifiesta su necesidad, quedando pues la comida como un calmante de la frustración, vacío, enfado (muchas veces inconsciente) que sienten. Pueden ser también personas que no han tenido límites claros en sus vidas, sus padres no se los pusieron y han crecido con esta sensación de no tener límite: “Cuanto más mejor” y la vivencia de ser “insaciable”.

El autocuidado

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Solemos cuidar más aquello que valoramos y apreciamos, y descuidar lo que no. La alimentación es nuestra principal fuente de nutrición, y por lo tanto, si la descuidamos lo que estamos reflejando es una falta de aprecio y valoración hacia nosotros mismos. El cuidar y el querer van necesariamente juntos de la mano. Y no significa que cuanto más queremos más damos, si no que si queremos a alguien o a algo le damos lo que necesita (ni más ni menos, acuérdate de los límites). Es decir, si te quieres de verdad, una manifestación de ello será que comas lo que necesitas y te sienta bien, ya sea en calidad como en cantidad. Y viceversa, si cuidas lo que comes, como lo comes… estas alimentando tu autocuidado y amor hacia ti mismo. Aclaro que el autocuidado no viene desde la exigencia de hacer dieta estricta, desde el contar calorías y comer todo light para no engordar sino desde el deseo de estar bien, sano, equilibrado, de tener una buena vida.

La sobrealimentación como protección

La mayoría de los que estáis leyendo este artículo ya os habréis dado cuenta que solemos comer muchas veces para calmarnos, para silenciar estados emocionales temidos y de los que no queremos ser conscientes. Yendo aún más allá, he observado en personas con sobrepeso y obesidad que justamente este gran volumen corporal a veces les sirve (inconscientemente) de protección frente al mundo, es como una especie de coraza emocional para no ser dañadas. Piensa que si tienes que abrazar a una persona con obesidad resulta más complicado sentir al otro (debido a la grasa circundante). Además se da el hecho que en el juego de seducción puede suponer una defensa para no entrar en él. En este sentido, muchos pacientes que han adelgazado mucho me han contado como se les han disparado sus miedos a ser mirados, a entrar de nuevo en el “mercado”.

Rebeldía y manipulación

Piensa en un/a niño/a resentido/a con su madre pero que no le manifiesta directamente dicho enfado. ¿Se te ocurre alguna manera con los recursos que dispone? Pueden tener varios, si es mayor sacando malas notas, no obedeciéndola,… Pero hay una conducta estrella que los niños conocen y es la de negarse a comer la comida que la madre les da; ¡esta es una de las cosas que más cabrea a las madres!. Así que como el que no quiere la cosa, el niño/ la niña consigue sacar a su madre de quicio comiendo poco o negándose a comer lo que le prepara, solicitándole otra comida. Esta actitud de rebeldía, de no tomar a los padres, si no se aborda, se puede mantener en la adultez, dando lugar a adultos muy ‘delicados’ en la alimentación, que casi no les gusta de nada. Este fue mi caso, de pequeña y joven casi no comía de nada, literalmente me daban asco muchísimos alimentos (desde verdura, pasta incluso pizzas). Sin embargo, me di cuenta que a medida que iba estando más en paz conmigo misma, empecé a comer cada vez más cosas y eso que antes me daban arcadas, poco a poco ha ido cambiando hasta poder disfrutar de todas esas comidas. A lo largo de estos años me he dado cuenta que no se trata de forzar a comerse algo si no poder ver más allá y abordar el asunto de raíz.

Hay muchísimos más puntos en este sentido, ya que la alimentación es un tema muy complejo y puede estar relacionado con numerosos aspectos de nuestra vida que se entrecruzan. La finalidad de este artículo no es establecer verdades supremas, si no que reflexionemos y podamos por lo menos hacer más consciente cómo comemos y qué puede decir nuestra manera de comer con nuestro estar en el mundo, con como nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.

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