EL MIEDO A PERDER EL CONTROL EN LAS RELACIONES

En estos tiempos que corren hoy en día, a muchos de nosotr@s nos cuesta abrir nuestro corazón, y no me refiero únicamente a relaciones de pareja, si no a cualquier relación de intimidad, dónde nos mostramos realmente cómo somos, dónde nos sentimos cercanos al otro, dónde nos vinculamos, queremos y nos dejamos querer. Observo en muchísimas personas una gran dificultad para dejarse apoyar y acompañar. Incluso personas con pareja, buen apoyo familiar y muchos amigos, en el fondo no confían realmente en poder abrirse a los demás, y controlan de manera más o menos inconsciente su estar, no dejándose ser plenamente, no compartiendo/se de manera honesta.

Soledad y dependencia emocional velada

Al no mostrarte de verdad a otras personas dejarás de tener contactos auténticos y nutritivos con otros. Al no “darte” al otro, evidentemente te estás aislando emocionalmente, teniendo únicamente contactos superficiales, en los que no te implicas, en los que no te muestras, en los que de alguna manera te mantienes al margen. Muchas personas piensan que esto es fortaleza porque “no dependen de nadie para nada”, pero en el fondo lo que consiguen es justamente todo lo contrario, sentirse más solos, desamparados, sin apoyos de verdad. Mi experiencia me corrobora que justamente así, la persona se hace mucho más dependiente, ya que al no permitirse el apoyo de los demás, se está cada vez más hambriento de él. El que está saciado necesita menos que el que apenas se nutre. Así que si eres una de esas personas que no te permites tomar de los demás, prueba a dejarte sentir como vives la dependencia, seguramente aparecerá de una manera muy intensa en alguna área de tu vida.

La intimidad requiere bajar nuestras defensas

No hay otro camino, no podemos sentirnos cerca de alguien, no podemos ser tocados y tocar con nuestra armadura incorporada. Hemos de quitarnos, aunque sea poco a poco, dicha armadura para empezar a sentir, para poder tener relaciones de verdad. En la práctica, supone por ejemplo dejar de aparentar, soltar nuestra imagen de: buen/a chic@, victima, brillante, pasota, fuerte, gener@, simpátic@, dur@, invulnerable, frágil, y así un largo etcétera. Supone también dejar de esperar que el otro adivine mi necesidad y me la cubra sin yo tener que mostrarme necesitad@.

¿Cuál es el miedo profundo?

Esta es una pregunta imprescindible a hacerse y a dejarse sentir durante una buena temporada (no para contestar en unos minutos y olvidarse de ella, que es lo que solemos hacer). ¿Tienes miedo a ser invadido, a perder tu individualidad, a ser rechazado, a ser humillado, a ser abandonado, a perder tu lugar de poder, …? Sé honesta contigo misma, mira a ver en tu historia que es lo que ha prevalecido, que es lo que has temido que ocurra al empezar a intimar con una persona o al mostrarle parte de tu intimidad. Es decir, cuando te “desnudas” emocionalmente frente al otro, ¿qué es lo que temes que ocurra?

Soltar las luchas de poder

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Si tienes miedo a soltar el control, es que de alguna manera te estás aferrando a un lugar que te resulta más cómodo (aparentemente más seguro), dónde te relacionas de manera con los demás de manera superficial, con juegos de poder que aprendiste de pequeño. Desde entonces posiblemente aprendiste que mostrándote así como eras, resultaba peligroso y tomaste ciertos papeles desde los cuales eras más aceptado por tu familia y entorno cercano. Como ejemplo, hay niños que se hacen adultos demasiado pronto, ocupando incluso el lugar de sus padres y pudiéndose convertir en hiperresponsables, espabilados, fuertes, pendientes de los demás… En algunos casos, como acabo de comentar, rechazan el papel de hijo y se ponen por encima de su padre o madre ( o de ambos). Por lo tanto, aquí la persona experimentará grandes dificultades para mostrarse emocionalmente necesitado, vulnerable; ya que esto supondría romper ese juego y situarse como alguien necesitado; es decir, dejar de ser padre/ madre y sentirse niño.

Dejándonos ser con el otro (y dejando ser al otro)

Únicamente podremos tener una vida más plena si nos vamos atreviendo a ir soltando nuestra adicción por el control en las relaciones, nuestras defensas para no ser dañado, nuestro miedo a la intimidad, a mostrarnos de verdad, a querer y ser queridos. Se trata de poder contactar con ese niño necesitado que todos tenemos, no para que los demás se encarguen de él, si no hacerlo nosotros; y para ello necesitamos también de los demás. Es decir: “yo puedo estar contigo con mi necesidad, la siento, la muestro, me encargo de ella, de satisfacerme y también de pedirte lo que necesite, y si no me lo puedes dar, busco la mejor manera para satisfacerme“. No soy esa persona invulnerable, que no necesita pero tampoco me victimizo o fragilizo, ni te infravaloro, no me creo eso de que “nadie ni nada podrá ocuparse de mi“. Si hay una ley en esta vida, es que el mundo es rico y generoso para que todos podamos satisfacer nuestras necesidades y desarrollarnos.

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