¿Sabes cómo te desconectas de ti mism@?

Quizás no te hayas dado cuenta de un fenómeno cada vez más presente en esta sociedad, vivimos profundamente desconectados de nuestra esencia, de nuestros sentimientos auténticos. Posiblemente si ahora mismo te preguntaran ¿Cómo estás? te costaría contestar esta pregunta (o lo único que te saldría decir es ‘bien’ o ‘mal’).Tampoco me extrañaría  si estás intentando leer rápido este artículo para pasar a la siguiente actividad y así seguir con el bucle de la desconexión, ¡de la que ni siquiera somos conscientes!. Pero como expliqué en el anterior artículo, no se puedes saber lo que quieres sin pararte en ti, sin conocerte. Por ahora, en estas líneas vamos a ver cómo nos la ingeniamos para desconectarnos de nosotros, porque el camino de la reconexión comienza por darse cuenta de cómo nos desconectamos.

El exceso de estímulos y actividades

Este factor sea posiblemente el más obvio de todos. Llevamos una vida en la que no paramos, detrás de una actividad va la otra, incluso en el caso de los niños, hemos armado nuestras vidas para no parar. Y si lo hacemos es para mirar la televisión, o el móvil, la tablet, el ordenador y así un largo etcétera. Estamos totalmente hacia el exterior, pendiente de datos, mensajes, llamadas… Si vamos de viaje nos planificamos verlo todo en el mínimo tiempo posible. Todo ello hace que no podamos disfrutar, vivir de verdad, plenamente aquello en lo que estamos.

Desconectarse a través de la intensidad emocional

Una manera muy potente de desconectarse de uno mismo es a través de emociones intensas que nos sacan de nuestro presente. Puede ser a través de estímulos externos o actividades, tales como ver una película de terror, hacer puenting, conducir rápido, leer una novela romántica o dramática, el sexo, comer… (las adicciones funcionan con este principio también). Pero también puede ser que te enganches a:  la tristeza, la rabia, el victimismo, la euforia, el miedo, la ira… para evadirte de ti y de las experiencias reales. Estos son procesos inconscientes en los que con nuestros pensamientos vamos alimentando estas emociones que no son genuinas, si no que son postizas, son generadas por nosotros mismos para tapar lo que realmente nos ocurre. ¿Acaso no te has fijado que determinadas personas siempre reaccionan con rabia o agresividad ante casi cualquier suceso?. Otras en cambio casi automáticamente se sienten culpables, o con miedo… Así que ya sabes, ¡párate un poco a ver con qué emociones estás  más enganchado, eres más “adicto”!.

El sueño, el cansancio, el aburrimiento, la falta de interés…

Los estados de baja energía y vitalidad hacen que nuestra atención decaiga, que no estemos suficientemente despiertos para sentirnos y poder ser conscientes de que nos ocurre. Así en terapia, observo como los pacientes empiezan a bostezar y les entra sueño cuando empezamos a tocar temas importantes para ellos. Muchas personas llegan a casa muy cansadas, sin energía ni ganas de hacer nada y al explorar en sus vidas, se puede observar, por ejemplo, relaciones de pareja insatisfactorias. Todos hemos experimentado estados en los que no tenemos ganas de nada, no nos apetece hacer nada más que ver la tele o distraernos con cualquier cosa. Pues bien esta es una muy buena manera de dejar de contactar con uno mismo, con la vida y con los demás.

 Pensar, planificar, imaginar, fantasear…hatena-1184896.png

El irse a la cabeza, al futuro, a nuestros pensamientos, a nuestro mundo imaginario o incluso el buscar la razón o los porqués de las cosas. En definitiva, vivir la vida a través de lo mental nos desconecta del sentir, del corazón, del cuerpo. Buscamos las razones de las cosas, de las decisiones que hemos hecho o han hecho otros pensando que ahí están las respuestas. Y lo único que estamos haciendo es despistarnos de cómo nos sentimos y estamos viviendo eso que ha pasado.

Centrándote en los demás

Preocuparte por los demás, intentar protegernos, cuidarlos, complacerlos y que se lleven una buena imagen de ti… es una manera muy utilizada y con muy buena prensa que hace que te desconectes de ti, de tus necesidades y emociones.  Aclaro, no tiene nada de malo preocuparse por los demás, únicamente señalo que es importante que te plantees para que lo haces, si hay únicamente un interés verdadero por el otro o si aparte hay otras motivaciones inconscientes.

¿Pero para qué necesitamos desconectarnos?

No es casual que dediquemos tanto a desconectarnos de nosotros y de los demás. Realmente si estamos conectados ¡sentimos como nos duelen las cosas de verdad!. Tenemos muchos temas no cerrados del pasado que están ahí, que no soltamos porque no nos dejamos sentir el dolor y las emociones que se quedaron ahí, congeladas (preferimos vivir otras emociones que aunque parezcan intensas, son simplemente tapaderas). Vivimos con miedo a comprometernos emocionalmente con nosotros y por ende a los demás. Miedo a sentir realmente que necesito, que me pasa  en mi trabajo, en mi pareja, en mis relaciones, en la vida en definitiva. Conectarse con uno mismo es una tarea de valientes, de esos que quieren vivir la vida plenamente, sosteniendo lo que hay, sin poner nada, sin quitar nada, sintiendo, sólo sintiendo…

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